Viviana Andón
Facundo Arana desmiente su crisis de pareja con la
actriz Isabel Macedo.
En la última semana, su imagen ocupó un lugar protagónico
en los programas de televisión y en las revistas. Y no hubo una única
razón para que eso sucediera. Por un lado, Facundo Arana (33) recibió dos
premios Martín Fierro por su trabajo en “Padre Coraje”, el ciclo
que el año pasado lo tuvo como cabeza de elenco: uno lo distinguió como
Mejor Protagonista de Novela y otro, el Martín Fierro de Oro, consagró a
la tira en su totalidad. Sin embargo, por otro lado, su nombre acaparó la
atención pública por cuestiones que nada tienen que ver con su profesión.
En estos días, comenzó a escucharse el rumor de que la relación de pareja
que desde hace ocho años mantiene con Isabel Macedo (27) había terminado.
Algunos hablaron de separación; otros, de crisis. El silencio que guardó
Facundo no hizo otra cosa que alimentar las versiones que, finalmente, el
actor desmintió con CARAS. “Nada de eso es cierto”, dijo. “Ni me separé ni
estamos en crisis. Lo que se dijo es un disparate”.
Uno de los motivos que alimentaron los rumores fue el hecho de que Facundo
Arana haya asistido solo a la entrega de los Martín Fierro y que en el
momento de dedicar su galardón, no haya nombrado a su mujer sino
únicamente a Marcelo Rey, la persona que fue su representante hasta el día
de su muerte. “Cuando me propusieron hacer “Padre Coraje” yo pensaba
rechazar el proyecto. Y fue él quien me convenció para hecerlo. Por eso
quería decirle públicamente un ‘Tenías razón’”, cuenta el actor.
“Con respecto a los premios, no esperaba el Martín Fierro como Mejor Actor.
Pensaba que se lo iba a llevar Raúl Rizzo. El de la novela sí lo esperaba.
Creía que se lo merecía por haber sido un programa que fue un pasito más
allá. Fue un producto impresionante que se hizo con muy pocos recursos.
“Padre Coraje” fue un programa angelado. Y fue Rey quien , no sólo siempre
estuvo a mi lado, sino que me convenció para hacerlo. Por eso, quería
tener esos 20 segundos para agradecérselo públicamente”.
—Muchos dedican los Martín Fierro a sus seres queridos. ¿Por qué usted no
se lo dedicó a su mujer?
—A mis seres queridos les dedico mi vida. Y a ella se lo dediqué después,
mirándola a los ojos.
—¿Por qué no lo acompañó a la fiesta?
—Porque no va jamás a esos lugares conmigo. Compartimos esos momentos
importantes pero en casa, cuando estamos solos. ¿Sabés lo que pasa? Estar
ahí es sentarse ante un montón de cámaras que están esperando pescarte en
algo. Si vas con tu mujer no pasás un momento relajado. De todos modos,
esta es una decisión que tomamos juntos. Los dos pensamos que ella lo iba
a disfrutar mucho más viendo la fiesta tranquila, desde casa. Igual, fue a
la primera persona que llamé. Empecé a discar su número de teléfono
mientras bajaba del escenario.
—¿Cómo festejó?
—Primero, les di un beso a los chicos del elenco. Después, tuve mi festejo
privado. Fui a casa a ver a Isabel. Ese sí que fue un festejazo. Estábamos
solamente ella y yo. No hablamos demasiado. Sólo nos miramos. Es que esos
momentos son muy especiales, porque ahí es cuando te das cuenta de que en
ese cruce de miradas hay toda una historia compartida, que en esa mirada
está todo. Esa noche ella había prendido el fuego y me esperó con un Tía
María con hielo. Nos sentamos en el living, nos miramos y sonreímos. Nos
quedamos así un rato largo. Después, a eso de las tres de la mañana, me uní a mis compañeros de elenco
en un restaurante de Puerto Madero.
Seis meses después de haber terminado de grabar la novela que le permitió
ganar dos premios, Facundo luce mucho más delgado. Dice que apenas
adelgazó dos kilos y que dejó de entrenar en el gimnasio, pero que en él
eso es suficiente para modificar su fisonomía. Dice también que no lo hizo
por coquetería sino como una manera de componer el personaje que desde
hace unas semanas interpreta en la obra teatral “Visitando al Sr. Green”,
junto a Pepe Soriano.
—Es la primera vez que hace teatro. ¿Cree que es su oportunidad para
distanciarse del sex symbol, para que el público repare más en su calidad
actoral?
—Para mí ser visto como un sex symbol es una especie de juego. ¿A quién no
le gusta ser un sex symbol? Igual, yo no me apoyo en eso. Juego cuando hay
que jugar. Si hay que hacer una escena en una ducha, hago de sex symbol.
—¿Y fuera de escena?
—Bueno, todos sabemos lo que es mirarse al espejo y ensayar muecas y
miradas. Todos trabajamos nuestra capacidad de seducción. Pero sabemos que
de esas cosas no se habla. ¿O qué pasa cuando estás hablando con una
persona y vos sabés que esa mirada fue más allá? Vos lo sabés, sabés que
el otro sabe, pero nadie dice nada.
—¿Jamás intenta llevar hasta las últimas consecuencias un cruce de miradas?
—Es que la última consecuencia de un cruce de miradas no es hacerle un
guiño a ella y después llevártela a la cama. Cuando algo ocurre entre dos
personas no hace falta seguir buscando porque se corre el riesgo de perder
la magia de ese instante.
Todavía emocionado por los Martín Fierro que ganó, Facundo agradece a
quienes se acercan a felicitarlo. En seguida, retoma el tema de “Padre
Coraje”. “Fue una novela que logró una comunión increíble con el público”,
dice. “Por eso, permitió que nos tomáramos ciertas licencias como apelar a
la metáfora. Me hace sentir feliz que hayan premiado el trabajo de todos
los que estuvimos allí”.
—¿La euforia no formó parte de sus festejos por haber recibido los Martín
Fierro?
—La euforia la viví cuando me entregaron el premio. Después, llegué a casa,
lo puse sobre la mesa y me di cuenta de que tenía alguien a quien mirar a
los ojos. Alguien que sabe, que entiende, que comparte mi vida. Para mí no
hay mayor euforia que estar en casa con mi mujer. Y mi perra Pampa ahí, al
lado, observando lo que pasaba. Mirá si voy a cambiar eso por un
ataquecito de histeria.
—Después de ocho años de relación y de tantos momentos compartidos, ¿el
compañerismo no va opacando la pasión dentro de la pareja?
—La vida tiene que ver con muchas cosas. Hay momentos en que uno siente
que todo se está yendo a la miércoles, que pensás que todo se acabo. Pero
después, te das cuenta de que sólo era un momento y que había que
atravesarlo. Entonces, todo vuelve a estar bien. Pretender que siempre
esté presente el enamoramiento de la primera mirada es una estupidez. A
nosotros nos pasó que, después de seis años de estar juntos, un día le
dije a Isabel: ‘¿Agarramos una casita rodante, una camioneta y vamos a
viajar y a comer en el piso?’. Y ella aceptó. Fuimos a la montaña y le
dije: ‘¿La escalo y vos me esperás acá?’. ‘Dale’, respondió.
‘¿Sin plata?’.
‘Bueno’. ‘¿Con el perro y nada más?’. ‘Bueno’, me dijo. Entonces yo pienso
que si eso no mantiene viva la relación... Es así: si tratás de supeditar
el enamoramiento al metro ochenta cuadrado de la cama, perdiste.
—¿Qué porcentaje del premio que recibió le corresponde a Isabel?
—Del premio que me llevé yo, una gran parte. Pero no necesitaba decírselo
ante las cámaras. Ella es muy importante en mi carrera. Me sostiene desde
el afecto y eso es un 95% de todo. Si no tuviera esta relación con ella no
podría hacer las cosas como las hago. En verdad, si no la tuviera no
podría vivir.
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