Mariana Montini
Es el actor del momento: ganó el Martín Fierro de Oro,
triunfa en el teatro junto a Pepe Soriano y se animó a dejar la televisión
cuando todos lo buscaban. Hoy, en medio de rumores sobre una supuesta
crisis de pareja con Isabel Macedo, se confiesa: "Creo en el amor eterno".
Llega diez minutos tarde y se disculpa.
Agradece que la nota sea en un restó, porque son casi las cuatro de la
tarde y todavía no almorzó. Pide por favor un plato de fideos, rechaza con
un "muchas gracias" una panera y le pregunta a la moza de
El Amador si no
sería tan amable de traerle también un agua sin gas. Siempre tan correcto,
Facundo Arana pregunta por qué tema prefiero empezar.
- ¿Qué cosas te sacan?
- Pocas, la verdad (y se ríe). No soy
de tener broncas, trato de no tenerlas. Generalmente, en lugar de bronca
suelo sentir lástima. O dolor. Hay cosas que me ponen triste, ¿sabés?
- ¿Por ejemplo?
- Que la prensa le dedique más espacio
a mis supuestos fracasos personales que a mis logros profesionales. Ese es
un buen ejemplo. O el último ejemplo que te puedo dar.
No hace falta interrogarlo más. Es obvio a qué se refiere: la semana
pasada "Padre Coraje", la novela que interpretó en 2004,
se llevó siete
Martín Fierro y el de Oro, pero pocos hablan de eso. Hace quince días
debutó con "Visitando al Sr. Green", la obra en la que se luce noche tras
noche junto a Pepe Soriano en el Multiteatro, pero pocos hablan de eso.
Encima, Isabel Macedo, la mujer que conquistó hace nueve años, tiene sus
propios batallas ganadas: ella es Delfina, la mala de "Floricienta", uno
de los programas más vistos de la telé y la obra de teatro más exitosa,
pero - claro - pocos hablan de eso. La pregunta mediática obligada de hoy
es: ¿Están separados, sí o no? Y todos sí hablan de eso.
Arana ríe, dice que no, que es una lástima que la gente crea en ciertos
chimentos televisivos, que con La Chava (como apodó a Isabel no bien la
conoció) está todo bien. Muy bien, remarcará.
- Quizá, que no te haya acompañado
en la entrega de los Martín Fierro, dió lugar a las sospechas.
- De nuestra separación vienen hablando
hace tiempo... Además, cualquiera que haya estado en las entregas sabe
perfectamente que Isabel jamás me acompañó. ¿Por qué lo haría ahora? ¿Para
desmentir los rumores? No nos interesa.
- Pero se estila dedicar los premios
a la familia: hijos, padres, pareja... Y vos no lo hiciste.
- ¿Cómo que no? Mi primer Martín Fierro
se lo dediqué a La Chava, a mis viejos, a los médicos que me salvaron de
la leucemia. Esta vez, el premio era de Marcelo Rey (su representante
artístico que lo acompañó durante toda su carrera y que murió el año
pasado). Yo venía soñando con esos 20 segundos frente al micrófono para
agradecerle a la persona que me dijo: "Vos tenés que hacer
"Padre Coraje".
Se van a llenar de premios, dame pelota". Necesitaba subir y decirle:
"Rey,
tenias razón, gracias, esto es para vos".
- ¿A Isabel no le hubiera gustado
que la recordaras en ese momento?
- ¿Y quién dijo que no lo hice? Ella
sabe que la tuve presente todo el tiempo. Con La Chava tenemos las cosas
muy claras: juntos en la vida privada, separados para la vida pública.
Cuando debuté con Soriano ella estaba, pero no se mostró. Cuando ella
estrenó "Floricienta", yo estaba en su camarín, pero no me le paré al lado
para la foto. Son nuestros códigos, y el que los quiere entender, que los
entienda. Nunca dimos ni daremos una nota juntos. Es una forma de
preservar nuestra privacidad.
- ¿Y esos rumores logran generarles
algún tipo de conflicto?
- Al principio sí, no te voy a mentir,
me molestaban. Con el tiempo uno aprende las reglas de este juego
mediático, por llamarlo de alguna manera. Aprende a no hacerse problema y
a darse cuenta de que no podés estar corriendo detrás de cada versión.
- ¿Pero hubo crisis o no?
- Te repito: no voy a salir a desmentir
nada. Además, hoy dicen que estamos separados, ayer, que estábamos
esperando un hijo, mañana van a hablar de reconciliación y pasado nos van
a embarazar otra vez... ¿Qué te puedo decir? Pero ¿ves? ¿Vos estas
haciendo lo mismo? Llevamos quince minutos de charla y de lo único que
hablamos es de mi vida privada. (Lo dice sin molestarse, claro. Y
enseguida cuenta que esta vez, para meterse en la piel de Ross Gardiner,
su personaje teatral, se cortó el pelo y bajó seis kilos en quince días).
- ¿Dieta estricta?
- Para nada. Como lo mismo, pero en
menor cantidad. La clave fue el entrenamiento con mi personal trainer: me
bajó la intensidad del entrenamiento y me achiqué al toque. Me encanta
cambiar fisicamente para diferenciar los personajes que compongo: compará
a Yago, el hachero de "Pasión Morena", con el policía de
"099, Central", y
con el cura Coraje. No tienen nada que ver uno con otro. Por suerte, no me
cuesta nada subir y bajar de peso. El cambio fisico, además, te ayuda
psicológicamente a componer los personajes. El otro día en los premios me
vi con el pelo largo y ni me reconocia.
- ¿Como viviste las horas previas al
Martín Fierro?
- Tranquilo. Extrañamente tranquilo. No
esperaba nada, como siempre: así la felicidad, si ganás, es mayor. Aunque
las 24 horas posteriores fueron el tema: no dormí... Llequé tarde a casa.
La Chava había encendido el hogar y no bien me oyó entrar puso los hielos
en el vaso y el Tía María sobre la mesa. Nos sentamos, nos miramos y no
hablamos. Estábamos así, enfrentados, como vos y yo ahora, y nos mirábamos,
en silencio. Nos reíamos. Se nos llenaban los ojos de lágrimas. Mirábamos
el fuego. Nos volvíamos a reír. Y así terminé la noche. Dos horas después,
La Chava se tenia que ir a trabajar.
- ¿Y no festejaron?
- Te estoy contando todo lo que te
quiero contar... Fue una noche muy linda, de esas que siempre recordás...
Pero hablemos de Mr. Green, la obra.
- Claro, hablemos.
- El libro es un canto a la vida. Si no
hice teatro antes no fue por falte de propuestas, sino porque no me
cerraban, no me emocionaba ningún proyecto. Pero cuando tuve el libro en
mis manos supe que era éste. Y cuando me dijeron que Green sería Pepe
Soriano me tiré de cabeza sin dudarlo. Es una obra que emociona, habla de
la tolerancia, del respeto, de la amistad pese a las deferencias
generacionales y ideológicas. Como toda buena historia es chiquita,
redonda. Estoy muy orgulloso. Es una obra que te acaricia el alma.
- Después de las tablas, ¿ya
pensaste qué?
- La tele otra vez. Septiembre o
octubre, creo que vuelvo con Pol-ka. Y tengo una novela para el año que
viene. Pero la televisión de hoy está tan convulsionada que nunca se sabe.
- ¿Tele y teatro en el verano
también?
- No, la idea es terminar la obra en
noviembre. Voy a extrañar mucho a Pepe, me encariñe un montón con él, es
un personaje adorable. Un maestro, un sabio, un hombre de una energia
envidiable. Los escalones que yo subo de a dos, él los trepa de a tres. Es
un honor trabajar con él.
- Se lo habrás dicho, imagino.
- Todo el tiempo. Fue una prueba
ponerme a su lado, un verdadero desafio. Y me seduce desafiar mis propios
límites.
- ¿Y hasta dónde das?
- No lo sé. Por eso cuando logro uno,
voy por otro. De eso se trata estar vivo. Soy soñador y voy atrás de esos
sueños. Es una forma de estar vivo, activo, de no jubilarte nunca.
- ¿Con qué fantaseás hoy?
- Con tantas cosas...
- Con un amor para toda la vida, por
ejemplo...
- Soy un soñador, creo en el amor
eterno. En la pareja, sí, claro. Apuesto a eso.
- ¿Con hijos?
- Y con nietos. Cuando subí el
Aconcagua pensé: "Cuando vean esta montaña, van a decir: "Mi abuelo Facu
estuvo ahí". Y me encantó la idea.
- Hablás de nietos. Pero antes, vienen los hijos.
- Tengo 33, estoy a tiempo todavía. La
clave es esperar el momento. Hay un momento para cada cosa. Cuando hacía
tele, muchos me preguntaban pata cuándo el teatro. Se hizo esperar pero
llegó, con la obra exacta y el compañero ideal.
- ¿Te gustan los chicos, o no?
- Los adoro, no hay nada que me cope
más. Creo que cuando tenga un hijo, muero. Igual, me da mucha vergüenza
hablar de una experiencia que todavía no pasé, no viví. Pero yo sé que van
a venir. Hay una mujer llamada Isabel que será madre, eso te lo garantizo.
Y hay un hombre que llamado Facundo que será padre.
- ¿Qué falta entonces?
- El momento oportuno. ¿La viste a
Isabel en el teatro? Andá, te vas a dar cuenta lo genial que está, en qué
momento fundamental de su carrera se encuentra... Por supuesto que
antepongo un hijo a lo que sea, pero hoy La Chava está en su momento, se
lo ganó sin ayuda de nadie. Va a ser madre, yo la voy a hacer madre, pero
hoy tiene que disfrutar esto.
- ¿Por que decís "sin ayuda de nadie"?
Vos tenias todos los contactos, ¿te da culpa no haberle dado una mano?
- Todo lo contrario: me llena de
orgullo que haya llegado por ser ella y no po ser mi novia. A veces, los
éxitos laborales en la pareja llegan a destiempo. Y nosotros logramos eso:
respetar nuestros tiempos. Ella me acompaño durante mis éxitos y hoy yo me
saco el sombrero y disfruto el suyo.
- ¿Tienen como un pacto de no
hacerse sombra?
- Llamalo como quieras. Para Isabel era
mucho más fácil dar una nota contando que era mi novia y que quería ser
actriz, que romperse el lomo con las clases de actuación. Y había otro más
corto todavía: yo podría haber ido a ver a Cris Morena, con quien trabajé
en "Chiquititas" y decirle: "Te presento a mi novia, ella es actriz". Sin
embargo no lo hice, y La Chava hoy trabaja con Cris porque fue como
cualquiera a hacer la cola de un casting y lo ganó, solita, porque era la
mejor. Hace un tiempo, Adrián Suar me dijo: "¿Cómo no me dijiste que tu
mujer era actriz?". Porque no. Porque después de esa "manito" que yo le
podría haber dado, ¿quién le quitaba el estigma de ser la novia de...? ¿Sabés
lo que leí el otro día en una revista? Facundo Arana, el novio de Isabel
Macedo. ¡¿Qué me contás!? Eso me llenó de orgullo.
- Hablás con admiración.
- Isabel es la mujer que elegí. Y
volviendo a lo del hijo: cuando llegue el momento, lo buscaremos y lo
tendremos. Estoy seguro. Muy seguro, ¿sabés?
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