Mariana Montini y Pablo Procopio
El miércoles pasado, el protagonista de
"Padre Coraje"
debió ser internado por un cólico renal. Lo que parecía un problema menor,
con el correr de las horas, terminó en intervención quirúrgica. El
tratamiento que siguió. Las horas de angustia junto a su mujer, Isabel
Macedo. El recuerdo inevitable del cáncer superado. El cariño de sus fans.
Y de cómo la ficción se volvió realidad: el galán de más rating de la
televisión, como el padre Juan, sintió que debía entregarse a Dios.
-¿Qué
te pasa que tenés esa cara?
-No sé, me agarró de repente. Es un dolor acá en la
espalda, acá atrás, ¿ves? Ahí, en el costado izquierdo... Debe ser una
contractura. Ya se me va a pasar...
Facundo Arana prefirió ignorar aquella puntada, hizo todo lo posible para
restarle importancia. Nunca imaginó que el calvario recién empezaba. Nunca
imaginó que ese síntoma sería el primero de los muchos que padecería.
LA INTERNACION. Ese miércoles -21 de julio- tenía su jornada
perfectamente calculada: se despertaría a las seis y media de la mañana,
pondría la pava a calentar para tomarse unos mates junto a su perra Pampa
y partiría hacia los estudios de Pol-ka. A las 7.30 de la mañana
comenzaría a grabar las primeras escenas de "Padre Coraje", la novela de
Canal 13 que lo tiene de protagonista. Después, a las 18, llegarían los
chicos de CQC para filmar un especial que iría al aire en el programa de
Mario Pergolini. Por último, antes de regresar a casa para reencontrarse
con su mujer, Isabel Macedo, pasaría por el gimnasio -la rutina obligada
de todos los días- para hacer algo de fierros antes de la cena.
Sus planes se abortaron a las 20.30, no bien terminó de cumplir su promesa
con "los hombres de negro". Las conjeturas de Arana fracasaron
cuando, al dolor de espalda se le sumó un fuerte malestar estomacal y
quedó encorvado de dolor en medio de su camarín.
-Che, esto es más que una contractura -advirtió Marcelo Rey, su
representante, y no dudó en llamar a emergencias médicas del CEMIC para
que lo revisara un profesional.
-Me
atrevería a prediagnosticar un cálculo renal. Para más seguridad, va a
tener que hacerse unos estudios -aconsejó el enviado de emergencias.
Antes de las nueve de la noche, sin gym ni cena, entraba en ambulancia a
la guardia del CEMIC de Barrio Norte, ubicado sobre la avenida Las Heras
al 2900. Isabel, su pareja desde hace ocho veranos y Javier Ureta Sáenz
Peña -su médico de cabecera desde los 17 años- ya estaban ahí. Menos de
una hora más tarde, la ecografía lo había confirmado: era un cólico renal,
"una piedra" (4 milímetros por 2 de diámetro), como lo llaman en la
jerga médica.
LA ANGUSTIA DE SUS FANS. Tras los análisis, Ureta dio su propio
dictamen: "Facu, acá hay dos opciones: una, intervenir con una
operación endoscópica que es muy sencilla, ya que tarda a lo sumo unos
veinte minutos; o bien darte unos sedantes muy fuertes para calmar el
dolor y esperar a que elimines la piedra naturalmente". Arana no lo
dudó: optó por los calmantes y esperar para expulsar el cálculo. Suero
mediante, así pasó la noche del miércoles, todo el jueves y viernes.
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