Facundo Arana conversó con La Razón en medio de las grabaciones de
"Padre
Coraje", la tira que encabeza con Nancy Dupláa.
Javier Firpo
Agobiante mediodía otoñal. Los rayos de un sol impiadoso recalientan un
perdido aserradero de algún recóndito rincón del Parque Pereyra Iraola,
próximo a La Plata. Allí, un grandote y rubio melenudo, luciendo tiradores
de época, muele a hachazos a un tronco rebelde, que se rehúsa a quedar
reducido a leña. Pero lo logra. "¡Bravo, bravo! Corten", gritan del fondo,
luego de repetir la secuencia cuatro veces. "Bueno, cortamos para comer y
seguimos en 45 minutos". Después de varios intentos infructuosos, el rubio
suspira, seca el sudor de su frente y esboza una mueca de alegría
contenida.
En este paraje agreste, invadido por la tecnología, se desarrolla la
grabación de un capítulo de "Padre Coraje" (lunes a viernes, a las 22, por
Canal 13), la novela épica que transcurre en 1952 y que necesita de un
lugar aislado, como éste: mucho verde y algunas pocas construcciones de
antaño. El rubio, obviamente, es Facundo Arana, el protagonista del
culebrón que invita a almorzar a La Razón bajo la sombra de una
copa de ombú. "Coraje es un superhéroe cincuentoso, muy a su pesar, porque
él, sin quererlo, se comporta como tal. Las cosas le salen bien,
simplemente, porque le salen, no porque él las busca desesperadamente. El
es un desesperado. Es un poco contradictorio", explica el perfil de su
personaje, mientras se abalanza sobre un pedazo de carne. "También —reanuda—
le salen mal las cosas y el final será dramático", advierte.
- ¿Qué perspectivas le ves a "Padre Coraje"?
-
Es una tira rica, con alma, que está condenada a funcionar. Porque una
tira que no tiene alma ni pasión, está a la deriva.
- Y vos sos uno de los abastecedores de esa pasión...
-
Soy uno de los responsables de poner la cara, pero somos un equipo de 150
personas.
En la mesa donde está Arana, también almuerzan Javier Lombardo y Eugenia
Tobal, cómplices del protagonista en la ficción. Bromean entre ellos... Se
respira un clima distendido, armónico y el innegable galán es el principal
cultor de esa buena onda, con una actitud tan amable como informal. No es
nuevo decir que Arana tiene siempre esa postura —infrecuente en este
universo de flashes— bien alejada del vedettismo, nada hermética.
- ¿Coraje es el personaje más importante de tu carrera?
-
Siempre lo que se está haciendo es lo más trascendente, sólo porque está
ocurriendo ahora.
Un grupo de chicos de una escuela cercana lo interrumpe con timidez. "¿Sos
el de la tele?". Y le acercan el cuaderno de comunicaciones para conseguir
el preciado autógrafo, para lucirlo ante los compañeritos. Arana prosigue:
"Es la novela más expuesta en la que trabajé. Porque si algo no pertenece
al año 1952 se descubre. Si aparece un auto modelo 1954, sonamos...".
- Y el pelo largo, ¿no es anacrónico?
-
Hay mártires, grandes idealistas de la historia, sin importar política ni
religión, que los recordás con pelo largo. Pensalo (invita misterioso...).
- El Che Guevara es uno...
-
Sí, y si nos remontamos al año cero... Jesús.
- ¿Cómo definirías a tu personaje?
-
Es machista, porque la época lo exige. Un paradigma que va para adelante
contra viento y marea.
Nancy Dupláa pasa con su plato de comida, hace un saludo reverencial y
sigue de largo... Prefiere chusmear con "las chicas de producción".
- La filmación lleva unas diez, doce horas... ¿Y después?
-
Suelo ir a correr y voy un poco al gimnasio para descomprimir tensiones.
No para engrosarme, sí para que me marque.
- Con más de diez años de trayectoria, ¿el rating obsesiona?
-
Antes, cuando era más pibe, engranaba, me enfermaba. Ahora estoy más
maduro y lo vivo tranquilo, porque sé que no puedo hacer nada para
modificarlo. Mi obligación es contar bien el cuento, el rating viene
solito...
- Cuando te llamó Suar para hablarte de la novela, ¿le sugeriste tu
deseo de trabajar con tal o cual actor? Tus preferencias...
-
No, de ninguna manera. No corresponde. Es algo feo y de mala leche. El
trabajo es algo delicado.
Se acerca la productora, "la mala de la película". Es que el tiempo de
relax expiró y ahora, con la panza llena, hay que afrontar nuevas escenas.
Cuesta, sí, pero sobra entusiasmo.
La confianza, esa llave para el éxito.
Facundo Arana, Javier Lombardo y Eugenia Tobal conforman,
en la ficción, la cofradía de bandidos liderada por Coraje. En la
sobremesa, una suerte de tercer tiempo, los tres resaltan la inmediata
química conseguida y afirman que es fundamental para "adquirir confianza".
Arana y Tobal se conocían de "099 Central", mientras que Lombardo ("Historias
mínimas") no tiene al culebrón impregnado en la sangre. "La química a
veces se da y otras no. Pero lo que nos ocurrió a nosotros en la primera
escena que grabamos fue increíble", recuerdan al unísono Tobal y Lombardo.
"Parecía una del capítulo 60. Ahí, hicimos un click, y nos dimos cuenta —sin
decirlo— de que habíamos dado un gran paso. Un buen equipo de laburo es
esencial para el resultado final".
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