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Nacido para seducir.

A los 17 se enfermó feo pero pudo zafar. A los 20 tocaba el saxo en el subte a cambio de unas chirolas. Hoy, a los 31, es el protagonista de Padre Coraje. Aquí, Facundo Arana habla de ese derrotero, de la seducción y de la belleza. Pase y revuelva.

Es un chico de matices y sutilezas que él se encarga de izar tan alto que, por momentos, cuestan. Dirá, por ejemplo, que no se arrepiente de nada – “arrepentirse es una palabra muy extremista” – pero que quizá hay cosas que hubiera elegido hacer de un modo distinto a como las ha hecho. Apelará al gesto de refregarse las yemas de los dedos para explicar lo que para él es el dobladillo artesanal del cuento que cuenta frente a una cámara y habrá un piedra libre para su gusto por los juegos de palabras: “No es que me interese no avanzar sobre mi vida privada, sino que no me interesa avanzar”, será su modo de negarse a hablar de la novia –Isabel Macedo, actriz– con la que vive desde hace siete años en la casa que se compró en Palermo Viejo.
Facundo Arana entra en confianza como si hubiéramos ido al jardín juntos y nos encontráramos 20 años después. Me llama por mi nombre y avanza sobre la mesa del bar de Palermo estirando los brazos en gestos que reafirman lo que dice y ventilan que se come las uñas. “Es en esta época en particular, por la novela, pero no me lo puedo permitir por la profesión que tengo”, dice, como si fuera pecado.
Entrega al contado y en un solo pago la mirada azul que, de tan dedicada, se parece bastante a la que les da a Leonor Benedetto, Carina Zampini o la misma Nancy Dupláa en Padre Coraje, la tira que coprotagoniza por Canal 13, de lunes a viernes a las diez de la noche.

- ¿Por qué cuesta tanto saber más de tu vida privada?
- Lo que pasa es que, a diferencia de un personaje de estos que nosotros contamos en la ficción, si te cuento mi historia, ya te la conté; y si la sabés, se pierde la magia. Me parece que en lo que hacemos hay mucha magia pero ningún misterio. No es una estrategia marketinera. Tiene que ver con que me gusta esta cuestión artesanal de lo que hago. Me parece que está bueno que no se sepa demasiado. Ya mucho se sabe.
- Sin embargo hay cosas de tu vida –a los 17 años le diagnosticaron mal de Hodgkin, un tipo de cáncer linfático, del que se curó– que sí han trascendido.
- Hay cosas que tienen que ver con mi historia que yo no pude contener. No pude evitar que se supieran.
- Pero hubo personajes tuyos que recrearon aspectos de tu vida (en la novela Zíngara, su personaje, Rudi, se enfermaba como él) y eso sí era evitable.
- Sí, pero son momentos muy definitivos en mi carrera. Haber representado a un chico con mal de Hodgkin y haberlo recreado físicamente fue una forma muy personal de decir: "Ahora yo te actúo y me divierto con vos".
- ¿Fue divertido?
- No, para nada. Por eso te digo, es una forma muy personal de decir: "Ahora yo hago lo que quiero y ahora lo hago porque yo quiero".
- ¿Fue una revancha?
- No, ni siquiera. ¿Sabés qué? Fue decir: "Me tocás la espalda pero ahora me toca a mí. Me das un cachetazo, pero yo también te lo doy". Es solamente divertido para mí. Es una cuestión mía, conmigo.
- ¿Es cierto que para el personaje se trabajó con tu historia clínica?
- Sí. Y Enrique Torres lo hizo muy bien y yo también lo hice muy bien. Fue una experiencia que me sirvió para limpiar y poder tomarme las cosas un poco menos en serio.
- ¿Pero se puede no tomar en serio algo así?
- No en el momento, pero después sí. Uno con uno, jamás con otros.
- ¿Qué es lo que más te costó hacer?
- Todos los personajes tienen un costado muy fuerte, y que cuesta mucho y deben costar porque si no, el desafío no es tal. A mí me encanta el desafío.
- ¿Y cuál es el desafío en Padre Coraje?
- Es hacer un personaje que actúa de otros dos. Es muy difícil pero creo que va a ser uno de esos proyectos que te quedan en la memoria para siempre.
- ¿Qué cosas te quedaron en la memoria para siempre?
- La mirada de mi viejo el día que nos entendimos la primera vez como adultos.
- ¿Qué había pasado?
- Son cosas personales. La mirada de mi vieja el día que me fui de mi casa, el día en el que me compré la mía. Y otro momento fue el día en que decidí que no iba a ser ni médico, ni abogado, ni arquitecto, ni diseñador ni otra cosa que no fuera actor, dibujante o músico.
Arrancó con el diseño gráfico –abandonó después de tres años– pero su primera platea, tan anónima como involuntaria, fue la gente que viajaba en la línea D del subte, donde interpretaba a un veinteañero rubio, de pelo largo, que en la vida real cerraba los ojos para soplar el saxo a cambio de monedas.
- ¿Qué futuro te veías entonces?
- El objetivo era llevarme los 30 pesos por día que me llevaba. Y ojo que en mi casa no faltaba la guita. Pero ésa era mía, la hacía yo. Juntaba todas monedas, todavía no existían las de 1 peso. Me tomaba el subte en Santa Fe y Pueyrredón, donde tocaba, hasta la estación Agüero, donde vivía mi abuela. Contábamos juntos las monedas y después me iba feliz. ¿Entendés?
- ¿Había reclamos en tu casa?
Los reclamos normales de un padre con su único hijo varón criado para ir a la facultad y, si nos iba bien, para hacer un master afuera. Pero me fui a tocar al subte. Mi viejo me lo respetó toda la vida. Mi vieja se rió más.
Está hablando de Matilde, “la mejor arquera de hockey de todos los tiempos”, según define Facundo a su madre. “¿Querés conocerla?”, pregunta, y saca de su mochila una carpeta bordó acolchada de la que asoma una foto cuadrada, de bordes blancos, bien setentista, donde una mujer rubia, de pelo largo, sonríe junto a un Facundo de 3. Miramar – “sigo yendo, aunque no lo creas” –, verano del 75.

Frente al espejo

“Imaginate que soy una persona que cuando se para delante del espejo y ve arrugas de alguien de 31 años, se da cuenta de que perfectamente podría no haber conocido esas arrugas”, dice este chico que en 1993 se anotó en el primer casting de su vida por consejo de Betiana Blum. Había 3.500 inscriptos que no llamaron tanto la atención como sus rasgos angulosos y ese pelo ultra fino, casi llovido. Fue así uno de los protagonistas de la tira juvenil Canto rodado. De ahí participó en algunos capítulos de Alta comedia, en Marco, el candidato, El Rafa, Buenos vecinos y Zíngara, entre otros programas. En el 97 se desdobló para hacer dos papeles antagónicos en Chiquititas y al año siguiente lo eligieron para andar a los besos con Natalia Oreiro en Muñeca brava. En el 2001 volvió a la telenovela para hacer de guardaparque en Yago, pasión morena y un año después, fue el galán de brigada policial de Nancy Dupláa y Paola Krum en 099 Central.
- ¿Te enojaste cuando supiste que estabas enfermo?
- Era muy chico. Tenía 17 años. No, no me enojé pero fue la aventura más fuerte de mi vida. A esa edad, las cosas son aventuras y ésta fue una aventura muy fuerte que no hubiera podido ser si no fuera por mi mamá y mi papá, por el médico Sergio Pavlovsky, por Fundaleu, por mi mejor amigo que estuvo al lado mío como un ovejero alemán.
Se refiere a Caly, un chico que cuando la quimioterapia arrasó con todo el vello de su cuerpo, se peló para hacerle compañía. De aquella gesta, Arana aún conserva la remera que llevaba puesta el día que supo que algo en su cuerpo no andaba bien. Se la volvió a poner cinco años después, el día que le dieron el alta definitiva.
“Ya ves que conocés cosas de mi vida –dice–. Pero creéme, está muy hablado este tema. Todo lo que tenía que decir está dicho.
No hay nota que no haya hecho en los últimos 10 años que no haya sido hablar de la enfermedad y me parece que es tiempo de hablar de otra cosa.”
- Hablemos de belleza, entonces. ¿Te sentís bello?
- Pobre la persona que no se sienta bella. Tengo días en los que me siento muy bien y días en los que no, pero me siento tremendamente vivo y eso le gana a cualquier otro tipo de adjetivo. Además, ¿qué es ser bello?
- No vamos a filosofar. En serio, ¿creés que hubieras llegado a protagonizar tiras si los productores no te consideraran bello?
- No, pero sí por ahí me perdí de ser el mejor saxofonista de la historia porque me dediqué a protagonizar tiras.
El chico insiste en lo sacrificado de su profesión, en las 12 horas
diarias de grabación, en la técnica y la dedicación al trabajo.
- ¿Y el costado glamoroso?
- Es algo que no se busca. Esto que hago tiene un costado que vas, lo asumís y después chau. Hay gente que le gusta quedarse a vivir ahí y está buenísimo. Porque debe haber gente que viva ahí. Con las fans, hago lo que se supone que tengo que hacer. Un beso, un abrazo. ¿Querés un autógrafo? Tomá el autógrafo. ¿Una foto? Una foto. Es una relación de respeto. Para mí no hay nada más lindo que darle a la gente lo que espera.
- ¿Dónde queda la seducción?
- Uno seduce todo el tiempo. Seducís para pedir un plato de fideos, para comprar un paquete de cigarrillos. Estamos conversando acá y vos me estás seduciendo todo el tiempo y yo te estoy seduciendo. Uno vive seduciendo. Uso hasta el último poro de mi cuerpo para seducir. Porque uno busca lo más rápido posible el ideal del yo de la persona que uno tiene enfrente para entonces seducirla. Pero eso lo hacés desde que sos chiquitito.
Palabra de Facundo Arana, un chico que lleva unas tres décadas perfeccionando la técnica.

Un bandido rural bien documentado

“La novela transcurre en una época en la que se habían acabado los bandidos rurales y éste es un descolgado –explica Facundo Arana de su personaje Coraje–. Es un bandido rural que tiene esa cosa de querer ayudar a los chacareros pero en un contexto.” Arana fue convocado para protagonizar la tira en julio del año pasado. Desde entonces, pasó horas en Internet investigando sobre los años 50 para meterse en el contexto de ese ladrón rural que conoce a las hermanas que interpretan Nancy Dupláa y Carina Zampini para iniciar el triángulo primario de la historia. “Investigué sobre la realidad política y social de la época, pero me lo tuve que meter todo en el bolsillo porque cuando llegué al estudio ya tenía decorados, vestuarios y todo de 1950. Hasta los cortes de pelo de mis compañeros eran bien de época, salvo el mío –cuenta el chico–. Yo soy el único que está corrido porque... Ya van a ver.”
Facundo Arana está más que entrenado. Dice que va al gimnasio no sólo para mantener en forma a sus personajes, sino porque lo necesita su cabeza. Y así como fue su propio doble de cuerpo en las escenas con motos de 099 Central, ahora le tocan los caballos. Pasó horas en el Club Hípico sobre el lomo de Dos Caras, el caballo marrón con el que se lo ve galopar en Padre Coraje.Y habrá demostraciones de destreza física que sorprenderán.

SI ME DAN A ELEGIR

¿Coltrane o Charlie Parker?
Depende del momento
Una película
La trilogía El Señor de los Anillos
¿Dupláa u Oreiro?
Nunca lo sabrán... Nunca
¿Birra o champagne?
Vino tinto
Un lugar en el mundo
Una buena ola
¿Jazz o blues?
Blues
¿Cine o video?
DVD
¿Angeles o comehombres?
Las dos
Un perfume
El mío. De mujer, Carolina H.

 

 

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Authors&Translators: Alena, Marina, Masha, Katerina
Editor: Marina