"Mi vida se transformó en el mejor de mis sueños".
Así como es fácil olvidarse que ese cuerpo diminuto ya
pasó por dos partos (y el más reciente, ¡de mellizos!), también puede
resultar difícil retener que María ingresó a los medios con tan sólo 14
años de la mano de Cris Morena y su exitoso Jugate Conmigo. “Cris me vio
en un avión que venía desde Punta del Este y enseguida le llamó la
atención mi equipaje: dos bolsas de consorcio llenas de chocolates. Ella
me descubrió”, cuenta hoy la mujer de Arana, esta morocha bien argentina,
dueña de un envidiable buen humor y de una fórmula que repite seguido:
confesión contundente, risa sonora y frase absolutoria: “¡Era un chiste!”.
A poco de haber parido a sus “cachorros” (léase: los
mellizos Yaco y Moro), la conductora de Factor Eco (el programa de
ecología que C5N emite todos los domingos) demuestra que igual sabe
ponerse seria, como cuando habla de temas inesperados, de su desinterés
por el casamiento (“con Facu ni lo hemos hablado”) o como cuando recuerda,
con un poquito de nostalgia, su época de notera de Marley, trabajo que le
posibilitó dar la vuelta al mundo de la mano de entrevistas a galanes
famosos como George Clooney, Matt Damon y Brad Pitt, entre otros. “Era tan
naturalmente bestia que me daba lo mismo entrevistar a alguien
archiconocido como a una señora en la calle. Nunca me obnubilé por estar
enfrente de Brad Pitt. Te diría que con él me pasó algo raro: si bien está
buenísimo, lo vi fumar de lejos y se me fue un poco la magia”, recuerda.
-Veo que no sos una mujer amiga del humo...
-No, aunque a Brad se lo podríamos perdonar, ¿no?... (ríe).
Hablando en serio, nunca me gustó el cigarrillo. Tampoco el alcohol:
durante mucho tiempo di la impresión de todo lo contrario porque en los
boliches siempre tuve mucho aguante, pero nada que ver. Soy cero viciosa.
-¿Y las drogas?
-Sólo me piqué con heroína tres veces... (ríe). Fuera de
broma, me parece que esa idea de que el ambiente artístico es más propicio
a ese tipo de excesos, me parece un caretaje total, la droga está en todos
lados. A mí, por suerte, nunca me interesó ese camino. De hecho, lo he
hablado con gente que estuvo muy comprometida con la droga y todos me
dijeron lo mismo: “Una vez que probás, perdiste. Te arruina la inocencia”.
Insisto, era gente que sabía cómo utilizarla y aun así me confirmó lo que
yo pensaba: si tenés la magia intacta, ¿para qué vas a ponerle un velo a
la vida y tratar de ver algo que en realidad es un engaño? A mí esa idea
me marcó mucho, te diría que para siempre.
-Y ahí te hiciste fan de la vida al aire libre...
-No, en realidad eso lo tengo incorporado desde muy
chiquita, ya que si bien crecimos en Martínez, con mi papá viajábamos
mucho al campo, a Gualeguay. Soy una fanática total del verde.
-Por eso eligieron con Facundo vivir en el Tigre, ¿no?
-Sí. Así es.
-¿Qué tipo de madre sos?
-No soy de manual, eso seguro. Siempre fui una mujer que
privilegió la libertad y me parece que esa esencia la mantengo como mamá.
Me manejo mucho con la intuición y el sentimiento, lo que no quiere decir
que vaya a educar chicos malcriados. Me acuerdo que la primera vez que
quedé embarazada, uno de mis sobrinos me dijo: “Yo quiero ser tu hijo, ¡nunca
te enojás!” Ahí me preocupé, pero después me di cuenta que los chicos
mismos te terminan pidiendo los límites.
-¿Y Facundo, cómo es como padre?
-Un padrazo. Trata de dar lo mejor que puede y la verdad...¡le
sale muy bien! (sonrisa ancha). No sé por qué, es como que nació para esto
y hoy, además de estar buenísimo, se convirtió en un muy lindo papá.
-¿Te costó adaptarte al hecho de que él pasara -como
cuando estuvo de gira o en temporada en Mar del Plata con la obra Poder se
Puede- varios días fuera de casa?
-No, para nada. De lunes a jueves lo teníamos con nosotros
y los fines de semana volvía al trabajo. Para mí era algo muy lindo porque
los cuatro lo esperábamos siempre con los brazos abiertos y con la
ansiedad típica de los cambios. Es increíble, pero cuando son tan
chiquitos crecen rapidísimo y en dos o tres días él ya podía notar un
montón de cambios.
-¿Y no te daba un poco de celos que los chicos le
festejen esa vuelta, mientras vos eras la que se quedaba toda la semana
con ellos?
-Uhhh, ¡vos serías una madre terrible! (ríe a carcajadas).
No, lo cierto es que todos siguen muy pegados a mí, incluso India, que
también sigue siendo una cachorrita. Si la cosa cambia más adelante, mejor.
Le diré: “Facu, hacete cargo, la nena quiere ir con vos” (ríe).
-¿Qué cosas son las que compartís más con él?
-Una familia, que no es poco, ¿no? Disfrutamos mucho de
nuestra vida juntos, nos encanta el aire libre, nuestra casa... Mi
filosofía, y creo que la de Facu también, es la de exprimir el día al
máximo. Siempre me digo, y le digo a los demás: “¿Te sirve de algo ponerte
de malhumor o estar bajoneado? No. Entonces, empezá a disfrutar de este
día, que es único e irrepetible”.
-¿Hay mucha lectura de libros de autoyuda en esa
concepción de la vida?
-No, siempre fui así. Me acuerdo que al colegio iba bien
temprano con mis amigas y era la única de buen humor, que iba cantando en
el colectivo. “¡Callate, insoportable!”, me decían (ríe). También me
sirvió mucho el yoga, disciplina que practico desde los 20. Ahora quiero
retomar Ashtanga, que es bastante más intenso que Hatha Yoga.
-La verdad, María, ¿soñabas alguna vez que tu vida iba
a ser así?
-No. A lo mejor me imaginaba una linda mesa de desayuno
con muchos hijos, pero pasar de esa idea a ésto, y en tan poco tiempo, ni
yo me la creo. Cada tanto me gusta dar un pasito al costado y preguntarme:
¿Esto es mío? Sí, ¡y me encanta...!. “La vida es sueño”, decía Calderón de
la Barca, ¿no? Bueno, mi vida se transformó en el mejor de mis sueños y no
quiero que se termine nunca.
-¿Sentís que tu familia con Facundo es la confirmación
de tu unión con él? Al principio, casi nadie apostaba por esa relación...
-Te voy a ser muy honesta: nunca, pero nunca, me preocupé
por ese tipo de comentarios. Ni siquiera los consumía, me resbalaban. No
lo digo de superada, pero yo sé bien quién soy, a quién tengo a mi lado y
no necesito demostrarle nada a nadie.
-Y hoy, ¿cómo te relacionás con ese caudal de versiones?
-Igual, así como no me contaminaron en su momento, tampoco
lo hacen ahora. No es que hoy miro para atrás y digo: “¿Ven? ésta es mi
familia, ¡ahí tienen!”. Jamás me interesó lo que digan los demás. La gente
habla y opina todo el tiempo, es algo casi natural y yo no voy a luchar
con eso. No puedo, ni quiero.
-Ahora que ya pasó el tiempo, ¿podrías contarnos cómo
fue que se conocieron?
-Sí, yo tenía un cuarto lleno de velas y fotos de Facundo
y sabía que algún día lo iba a conocer. Como no sucedía, le acerqué mi
propuesta: dos millones de dólares para que esté conmigo. Sí, ¡dupliqué el
monto de Propuesta Indecente! (ríe)... Nos conocimos como se conoce
cualquiera, en un asado, por amigos en común, y ahí arrancó todo. Yo creo
que hubo magia de entrada y eso es lo importante. Es tan simple como
cuando hablás con una amiga y le preguntás: ¿lo sentiste o no? Y yo lo
sentí.
-¿Y él?
-Más o menos, pero como me vio que tenía buen cuerpo, dijo
“bueno, me quedo con ella” (ríe). Creo que los dos compartimos esa mirada
“mágica” sobre el encuentro de dos personas... Además, yo nunca me
obnubilé por lo que significaba Facundo Arana y creo que eso ayudó. No me
impresionan los personajes, sino que me conecto con las personas.
-¿No te generaba inseguridad apostar por una relación
con el que todas deseaban y querían?
-No querían, ¡quieren! Igual está todo bien, si vivís con
alguien, no podés estar a capa y espada diciendo “él es mío”. Él es
Facundo y si quiere estar conmigo, lo hará y si no, no. Aunque lo intentes
-insisto, yo no lo hago- no podés encarcelar a un hombre, por más hijos
que haya de por medio. Un vínculo entre dos es mucho más profundo y
espiritual que una mera pertenencia.
-Llevando al extremo esa idea, ¿creés que podrías
perdonarle una infidelidad?
-Es buena tu pregunta, pero no tengo una buena respuesta (sonríe).
Supongo que tendría que estar en una situación así y recién ahí evaluarlo.
La mayoría de mis amigas lo primero que dice ante esa idea es ¡jamás! pero
yo no estoy tan segura. ¿Qué es una infidelidad? ¿Qué es un engaño? Habría
que ver, por ahora prefiero ni pensar en eso.
-¿Por qué no se muestran mucho juntos?, ¿fue una
decisión conjunta?
-Supongo que se fue dando así. Al toque de conocernos, yo
quedé embarazada y mucho no pude salir... Por otro lado, nos gusta
guardarnos un poquito. No es que vamos a construir un muro enfrente de
nuestra casa, pero sí queremos preservar nuestra vida privada.
-Pero supongo que te interesará ir al teatro o al cine
con él...
-Sí, de hecho me encanta el arte. No te olvides que yo
estudié Bellas Artes y que una de mis pasiones es la pintura, pero bueno,
tiempo al tiempo. Los chicos son muy chicos todavía.
-¿Cómo querés que siga tu carrera de modelo? ¿Te
imaginás un retiro temprano?
-En realidad, lo mío es la tele, yo empecé ahí y lo de
modelo vino pegadito. No reniego de ello, pero creo que me interesa más la
conducción. Ése es mi fuerte.
-¿Creés que tu imagen de femme fatale quedó atrás?
-A mí nunca me interesaron ese tipo de cartelitos,
entiendo que son parte del juego y los acepto como tal, pero nunca me
desviví por ser la chica sexy. De todos modos, si ésta es la imagen que
doy no creo que haya cambiado demasiado por la maternidad: ¡puedo ser una
“mamá sexy”!, ¿verdad? (risas).
www.revista-luz.com.ar