"Aunque no seamos Superman, podemos brindar lo
nuestro".
Cuántas
mujeres querrían estar en ese camarín. Facundo Arana sale de la ducha a
medio vestir y con el pelo mojado. Su voz gruesa retumba en los pasillos
por los que también anda Nicolás Scarpino, su compañero de escenario.
Juntos hacen "Poder... se puede", una pieza de fuerte impronta
solidaria que se presenta los viernes a las 22 y los sábados y domingos a
las 21.15 en el teatro Güemes (Güemes 2855). No podrían ser dos actores
más diferentes. Uno es petiso, el otro alto. Uno tiene rasgos extraños, el
otro se ha convertido en sex symbol. Por eso la entrevista se torna
contrapuntística, con pensamientos sobre qué significa ser un hombre y un
artista íntegro. Y, sobre todo, con la presencia permanente de un mensaje
que la dupla no se cansa de repetir: la sociedad necesita tomar conciencia
de las vidas que pueden salvarse donando sangre y previniendo enfermedades.
“Para nosotros, el arte puede ser una forma de medicina”, afirman. Basta
mirar cómo echan carcajadas al aire para sospechar que, al menos con ellos,
el tratamiento está dando resultados.
Arana se mete en la charla sin rodeos. “Hacemos esto
porque creemos que debe ser hecho y porque gracias a Dios ya pasamos esa
barrera de los treinta y pico y no aguantamos que alguien desde arriba nos
dé directivas con un dedo. A esta altura, al que me señala con el dedo yo
se lo corto. Y sé que Scarpino me avala. Hemos hecho un camino y sentimos
la necesidad de decir ‘che, paremos la pelota y generemos algo que nos
movilice a fondo’”, afirma.
–Muchos ponen pruritos frente al “arte con mensaje”.
Facundo Arana: –¿Qué pasa si tenés un mensaje? ¿Sos “poco
cool”? Mirá, yo te digo una cosa: ¿ves mi mano? (cierra el puño y se
señala los nudillos uno por uno) Acá, en cada dedo, tengo escrito “c-o-o-l”.
¡Que vengan!
"Poder... se puede" es, en definitiva, una campaña
que pone al servicio de la salud las herramientas del arte escénico. Se
desprendió de un proyecto más ambicioso, que buscaba nada menos que dar la
vuelta al mundo. “En 2006 –recuerda Arana– nos enteramos de que para
principios de la nueva década el cáncer iba a convertirse en la primera
causa de muerte a nivel global. Todas esas personas iban a necesitar
millones de donantes de sangre. En el caso de los pacientes
hematooncológicos, por ejemplo, pueden llegar a precisarse más de
trescientos dadores para el tratamiento. Entonces, como yo ya estaba listo
para pilotear aviones, se nos ocurrió que valía la pena armar un proyecto
para contarles a espectadores de distintos rincones del planeta por qué
era importante salir de la apatía.” La crisis internacional alteró los
planes y obligó a rehacer los números, aunque no anuló el empuje inicial.
“No nos iba a alcanzar para dar ir a otros continentes, pero nada iba a
impedirnos recorrer la Argentina”, detalla el galán.
En vistas a ese objetivo se gestaron dos personajes que
atraviesan aventuras entreteniendo a los que van a ver teatro y
sorprendiendo al público más cholulo. Scarpino es Damián, un chico
inseguro que sueña en grande y tiene miedo de lo que pueda ocurrirle si se
lanza a cumplir sus ilusiones. En la búsqueda encuentra a Müller,
aventurero que recubre a un Arana con ganas de salirse de los cercos
interpretativos que le impone la tevé. La relación entre el inexperto y el
héroe redunda en un reflejo bastante acertado del espíritu humano: donde
hay inseguridad puede nacer la fortaleza y el gigante más musculoso puede
temer a las cucarachas. La gente aplaude de pie y sale emocionada por lo
que la obra muestra y fundamentalmente por la convicción de los que están
sobre las tablas. “Esta es la historia más linda que nos ha tocado contar”,
insisten ellos.
Originalmente iban a utilizar como texto "El amateur", de
Mauricio Dayub. Luego le pidieron al dramaturgo que se animara con algo
nuevo. Dice Arana: “Mauricio y su hermano Raúl tenían muy pocos días para
completar el libreto, y cuando les pregunté si iban a llegar, me
respondieron ‘y... poder... se puede’. Fue bárbaro, ya teníamos el título”.
Facundo bromea y paralelamente sabe de qué habla cuando se refiere a los
problemas de salud y al sentido de mantener la esperanza. A los diecisiete
le diagnosticaron un linfoma y debió pasar muchos meses en tratamiento.
“Cuando decimos ‘cáncer’ –especifica– nos estamos refiriendo a más de cien
enfermedades. Lo loco es que el 50 por ciento de estas enfermedades pueden
curarse si se detectan a tiempo y el 40 por ciento pueden prevenirse con
sólo aplicar un par de pautas básicas.” Ante la necesidad de seguir
difundiendo esos datos, del valor de cada entrada a Poder... se destinan
10 pesos para Fundaleu (Fundación para combatir la Leucemia) y para
organizaciones que combaten y previenen el cáncer.
–Y ustedes dos, ¿dónde se conocieron?
Nicolás Scarpino: –Ya ni me acuerdo. Cada uno fue haciendo
su carrera independientemente. Sin embargo, yo siempre tuve la intención
de armar algo con Facu. Una vez un periodista puso como título que yo era
un “caprichoso del universo”. Es un poco cierto. Esperé la oportunidad y
tras mucho esperar se dio. Cuando me llamaron, yo estaba en dos proyectos
de cine, e hice lo imposible para no colgar nada y prenderme. Es un poco
lo que transmitimos en la obra, la idea de que si uno quiere las cosas con
el corazón, es mucho más probable que sucedan.
F. A.: –Tengo fotos con Nicolás que son del año ’93 o ’94,
cuando íbamos a ver espectáculos súper under. Conozco a su familia, sé de
qué madera es. Al encarar Poder... se puede la única persona con la que
contemplé laburar era él.
–Eso de que “basta desear sinceramente para que ocurra
lo que uno quiere”, ¿no se salta el problema de la desigualdad? La calle
está repleta de aquellos que, aunque quieran, no pueden.
F. A.: –Existen desigualdades atroces, es cierto. Por
respeto a los que la están pasando mal y en honor a ellos es que estamos
acá. Los que vienen al teatro pueden pagar una entrada, y si pueden pagar
una entrada es muy probable que tengan obra social. ¿Cuál es nuestro
mensaje hacia ellos? Que los que estén en condiciones de influir
rápidamente sobre la realidad deben ponerse las pilas, cuidarse y entender
que hay que tomar conciencia de las necesidades de los que no están bien.
Ya tenemos quien denuncie la cruda realidad. Deben existir, además,
historias que muestren que se puede salir adelante. Nos hace falta sumar
metáforas y proposiciones; volver a aquello de mirarte a los ojos y
contarte una historia con sinceridad. A eso vamos.
El dúo ya giró por varias provincias, e incluso estuvo en
localidades donde nunca antes se habían dado funciones de teatro. Arana
comparte un par de recuerdos. “Estuvimos en Abrapampa y ahí la pobreza
está muy presente. Pero ahí el pueblo pudo. Pudo porque hay una señora que
se llama Rosario de Quispe, una de las llamadas Mujeres Perseverantes, que
vio que muchas hermanas de la Puna morían de cáncer de cuello de útero.
Empezó a llevar a esas mujeres a San Salvador de Jujuy y a traer médicos
desde la ciudad. Hoy la comunidad logró bajar drásticamente la tasa de
mortalidad a partir de la prevención. Confiamos en que algo de lo que
contamos pueda remar en esa dirección”, subraya.
–Los personajes de la puesta son antagónicos, aunque al
final se aproximan mucho. Es como si se corrieran de los modelos de
“ganadores” o “perdedores”. O –lo que en esta época viene a ser casi lo
mismo– como si invitara a repensar el sentido profundo de ser hombre.
F. A.: –El que parece debilucho es el que termina
enfrentando lo más peligroso, mientras el que se ve invencible se vuelve
tan vulnerable como cualquiera. Así es la vida. Cuando antes te das cuenta
de eso, mejor. No te podés avivar muy temprano porque hacés cagadas, y si
lo descubrís tarde te perdés un montón de experiencias lindas. Hay que
hacerlo en el instante preciso.
–Por otra parte, esta vez los dos cantan. A Scarpino se
lo ha visto en musicales. A Arana, en cambio, no lo tenía nadie...
N. S.: –Ahí hay gran mérito de Javier López del Carril,
que nos dirigió musicalmente y armó una banda sonora con instrumentos no
eléctricos y sonidos reales. Se usó hielo aplastado y pisadas de zapatos,
un experimento rarísimo. Un golazo.
“Voy con paso de anciano y llego joven”, reza la letra de
uno de los tracks. Enmarcados por el ruido rítmico de las pisadas en la
nieve, se ve a los viajeros enfrentarse a tempestades y cumbres infinitas.
Siempre con la meta de compartir el optimismo, hasta el punto de robarles
lágrimas a los que están en las butacas. Y la labor de los dos amigos
podrá gustar más o menos, pero nadie puede negar que ponen todo y lo hacen
sin concesiones a lo superficial.
–En la situación de ustedes –sobre todo en el caso de
Facundo, que es una celebridad– debe ser complicado no caer en la pavada.
El mundo del espectáculo está lleno de distracciones...
N. S.: –Es muy fácil marearse. Es un laburo en el que el
ego tiende a ir mucho más adelante que la persona, y a veces le tiende
trampas. Para contrarrestar eso yo siempre me visualizo como si fuese un
árbol. Ese árbol tiene una raíz, y si logra afirmarse, al crecer da flores
y frutos. Cuidar sólo las hojas más vistosas que aparecen por arriba de la
copa sería un error. Si no regás las raíces, tarde o temprano muere la
planta entera. Estoy atento a mis raíces.
F. A.: –Elegimos ser artistas. Lo nuestro es expresar. No
somos médicos ni cirujanos. No estamos metidos entre los escombros de
alguna ciudad devastada sacando heridos. A pesar de eso, esta obra nos
muestra que aún sin ser Superman nosotros podemos brindar lo nuestro a la
sociedad. Como gozamos de cierta popularidad, nos ponen alrededor una
cantidad enorme de cámaras y micrófonos. Se nos convierte en opinólogos y
frecuentemente desperdiciamos la posibilidad de planificar y pensar lo que
estamos diciendo. Por eso esta vez decidimos aprovechar tanta conferencia
de prensa para tirar algunas informaciones fundamentales.
–Menos mal, porque en los últimos meses varios famosos
dijeron algunas boberías...
F. A.: –Ojo, que tampoco hay que quedarse con la primera
impresión. Yo creo que hay muchos artistas que tienen opiniones
interesantes. Lo que pasa es que cuesta ordenarlas y darles una
orientación. Además, lograr que alguien levante la oreja y te preste
atención –atención verdadera, profunda– requiere que te prepares. Si un
chabón que anda diciendo pelotudeces todo el día viene a querer contarte
algo en serio, te lo vas a tomar como de quien viene. Por eso uno se
propone mantener la coherencia a lo largo de su carrera, o por lo menos se
esfuerza por no dar pasos en falso.
–Lástima que algunos medios no tienen criterio
razonable sobre los discursos que difunden...
F. A.: –El otro día veía cómo la tele, muy temprano,
mostraba a los muertos de Haití como si fueran un objeto más. Eran
imágenes tremendas y no estamos preparados para verlo todo. Eso hace que
las personas empiecen a endurecerse. Lleva a que muchos papás estén
pensando “voy a tener hijos, pero no sé cuánto durará la felicidad”.
Estamos soportando innecesariamente esta carrera de los que muestran por
el mero hecho de mostrar.
Si bien no son veteranos, ambos entrevistados han hecho un
itinerario que ya tiene varias estaciones. Sus logros van desde haber
concretado la meta de trabajar con Miguel Angel Solá –el caso de Scarpino–
a volverse una figura masiva, como Arana. Más agradecidos que orgullosos,
los dos se animan a confesar qué es lo que hasta ahora les ha enseñado el
oficio de actuar. “Yo aprendí que los factores que marcan la diferencia
son la paciencia y el amor –revela Nicolás–. El amor por el arte es lo que
va a hacer que vos seas feliz en el Metropolitan de Nueva York o en el
Bululú de Corrientes, porque sólo te bastará plantarte frente a los
espectadores para estar donde querés estar. Si uno busca fama, está
perdido. No existe, y si existe dura poquísimo.” “Y si uno busca éxito y
plata está frito. ¡Es más fácil hacerse empresario!”, bromea Arana.
–¿Qué consejo le darían a un actor principiante?
F. A.: –Antes que nada, aclaro que hay colegas
infinitamente más capacitados para responder eso. Un Gogó Andreu, una
China Zorrilla, ellos son los que la tienen bien clara; igual que otros
actores con muchísima más experiencia que yo. De todas maneras, si miro
para atrás y me propongo hacer una evaluación, diría que una de las claves
está en los referentes que uno elige. Hay que prestar mucha atención a
aquel dedo que te señala. Porque si señala para corregir está genial. Pero
puede estar encima de tu cabeza y no dejarte crecer.
N. S.: –A alguien que está arrancando yo le aclararía que
el objetivo no puede ser otro que el actuar mismo. Eso no implica que no
te pueda ir bien. Pero tiene que ser una consecuencia.
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