A
veces, el destino se ensaña en mostrarnos la fragilidad de nuestra
existencia. La vida nos empuja de la felicidad extrema a la pena más
triste. María Susini perdió su embarazo. Ésa es la noticia en términos
duros; el titular de diario, la frialdad de la letra. Detrás, un mundo de
sensaciones negativas que inundan su alma. Lo que era feliz, hoy ya no lo
es; lo que era esperanza, hoy no está.
Las abuelas, los médicos y los supersticiosos coinciden en
que no hay que develar los embarazos hasta entrado el tercer mes de
gravidez porque durante ese período las posibilidades de pérdida son
altas, o al menos mayores que en los seis meses restantes.
El lunes 2 de febrero no fue un día más. Fue la fecha en
que recibió la comunicación de la pérdida del bebé. En ese momento, Susini
estaba atravesando el segundo mes de embarazo. El encargado de
transmitirle la mala nueva fue su médico personal, el mismo que la atendió
durante su maternidad anterior en el Sanatorio de los Arcos, en el barrio
de Palermo, donde la ex conejita de Playboy dio a luz a India el pasado 10
de mayo.
Pero la plenitud por la novedad era tal, que ni a ella ni
a su pareja Facundo Arana, le importó confirmarlo, al menos en sus
respectivos fueros íntimos. Por más que fuera rápido e inesperado, estaban
chochos. Pero la información se filtró y, como no podía ser de otra manera,
se hizo pública. Ella, prudente, prefirió no decírselo a la prensa hasta
después del tercer mes. Pero la felicidad, como la tristeza, es una
emoción difícil de disimular.
Dolor y trabajo. Al recibir la noticia, la pareja formada
por el actor y la modelo, estaba recién llegada de Bariloche, adonde
habían viajado por unos compromisos comerciales y para tomarse un descanso.
Facundo suspendió un viaje a Pinamar para acompañar a su mujer en estas
horas dramáticas. Luego de pensarlo mucho, el último lunes transmitió la
triste noticia a su círculo íntimo. Desde entonces, Arana no sale y se
refugia en su dolor.
Durante la primera quincena de enero, Susini había
recorrido la Costa Atlántica para desfilar y cumplir con las marcas que la
habían contratado. Villa Gesell, Pinamar y Cariló fueron los destinos que
la tuvieron como huésped. En cada aparición pública –eso sí, bien breve–
se mostró radiante, con una sonrisa enorme que no borró de su cara en
ningún momento y simpática como de costumbre. La emoción se transmitía a
través de sus poros y no le daba miedo compartirla. Pero en soledad. Su
pareja eligió quedarse en Buenos Aires al cuidado de la pequeña India.
Ambos son autosuficientes para el cuidado de la beba. Cuando ella viaja,
él es el encargado de cuidarla y no acepta ayudas externas, y viceversa.
No es costumbre de los enamorados mostrarse en público y
es notorio cómo la modelo bajó el perfil desde que convive con el galán y
desde que fue mamá por primera vez. Pero –confían allegados a la pareja–
desde que recibieron el cimbronazo no se despegaron un segundo; él la
contiene y trata de complacerla. Ella está triste pero “entera”, según la
palabra que eligió para definirla alguien que la conoce muy bien y que
comparte varias horas a la semana con ella.
Sin embargo, la pareja no adoptó el remedio típico para
este tipo de males. No es raro que ante semejante golpe las personas con
cierto poder adquisitivo decidan emprender un viaje para despejar su
cabeza. Pero éste no es el caso de Susini y Arana, quienes estaban recién
llegados del sur. María, de hecho, tiene varias propuestas de trabajo que
no piensa posponer y hasta le ofrecieron la conducción de un programa de
televisión al que sólo le falta pantalla para salir al aire. El trabajo
como paliativo para calmar el dolor es otra receta que se suele aplicar en
estos casos.
Mucho se dijo sobre María Susini y Facundo Arana. En algún momento se
echaron a correr versiones de que no convivían, de que no eran ni siquiera
novios. Chismes que no se aplacaron ni aún después del nacimiento de la
hija de ambos. Lo cierto es que antes de este segundo embarazo estaban
atravesando un momento muy feliz que trocó en la situación más dolorosa
que un padre pueda afrontar, que es la muerte de un hijo. Hoy por hoy
permanecen juntos, consolándose y pensando en criar a su bebé y en salir
adelante para seguir peleándola. Por India, por ellos.
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