El escenario natural es imponente: los cielos infinitos de
la Patagonia, las olas del Golfo San Matías rompiendo sobre el canto
rodado, elefantes marinos nadando entre restingas y pozones cristalinos,
miles de pingüinos abrigando a sus pichones, un cañadón con fósiles donde
quedan al descubierto veinte millones de años de historia paleontológica,
los tonos naranjas del quilimbai en flor… Es la naturaleza en su plenitud,
como marco de una historia que verán millones de personas este año en el
horario central de Telefé.

El sitio elegido por la producción de la tira es la
estancia San Lorenzo, de la familia Machinea. El campo está a unos 160
kilómetros de Puerto Madryn, en el extremo norte del área protegida
Península Valdés; declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la
UNESCO.
Allí, Facundo Arana, Mónica Antonópulos y unos veinte
asistentes grabaron varias escenas; que formarán parte de los 150
capítulos que –por lo menos- tendrá la novela. Llegaron el lunes, cerca de
las 16, y –tras saludar a los propietarios de la estancia- filmaron toda
la tarde en la costa. Primero, en el cañadón de los fósiles. Luego, en la
elefantería. Y ya cerca de la caída del sol, se dirigieron a la pingüinera.
En el backstage, Facundo Arana desplegó todo su carisma,
con gestos de compañerismo y ductilidad para el trabajo en equipo: le puso
protector solar a las pieles más blancas del grupo (en un día de sol
agobiante), solicitó que no se publicaran fotos suyas con un cigarrillo en
la boca (para no dar un mal ejemplo a los niños) y él mismo eligió el
color marrón del pantalón y se ensució toda la ropa con tierra para
caracterizar al personaje. Como siempre, le asignaron ese look entre
salvaje y chico bueno que tantos suspiros suele provocar en el público
femenino.
Mónica Antonópulos cuidó cada detalle de su maquillaje y
su ropa. Y también se centró en los detalles de su personaje, con
vestimentas apropiadas para mimetizarse con la naturaleza y una cámara de
fotos profesional. Durante varios minutos, se maquilló en una Traffic y
luego estudió cuidadosamente el libreto con Facundo Arana.
A la noche, después de una jornada agotadora (parte del
equipo había llegado ese mismo día a Madryn, a lo que se sumó el viaje por
un difícil camino de ripio), el asador Gaspar Carranza recibió al equipo
de Telefé con empanadas, corderos y un exquisito flan casero; y con unas
botellas de vino que llevan la marca de la estancia.
Pero hoy al mediodía Facundo ya vuelve a Buenos Aires.
Sucede que a la noche tiene que cumplir con su labor en el Liceo, con la
obra "Codicia" que se estrenó el 4 de enero e ya tiene muy buenas
criticas. La pieza muestra un día de trabajo, en la vida de seis
vendedores de bienes raíces, de tierras que son adquiridas a un precio muy
superior a su verdadero valor. Esto parece ser posible en tanto y en
cuanto el comprador no se dé cuenta. Por eso esos vendedores -"artistas
del engaño", como dice Mamet- se preparan para que con su "psicología" de
manual ilustrado convenzan a los incautos y se puedan llevar un ansiado
auto como premio, si logran ubicarse primeros en la lista de los mejores
vendedores del mes. De lo contrario los espera el fantasma del desempleo.
La lucha entre todos es cruel y despiadada y no apta para incautos, pero
estos hombres, parientes cercanos de Wall Street, parecieran haber
convertido ese universo corrupto en el que trabajan, en una norma
cotidiana de sus vidas. Las admiradoras de Facundo Arana -con una valiosa
actuación-, podrán ver al actor en una faceta prácticamente desconocida,
la de un arribista, e impune, que lucra con el otro y se muestra libre de
culpas y remordimientos.

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