Carolina Cattaneo
Hace
apenas unas horas paró el diluvio que empapó a Buenos Aires desde la
madrugada. Es la hora de la siesta, una siesta oscura y fresca, y en una
casa del barrio de Belgrano se filma la próxima película de Marcos
Carnevale, "Tocar el cielo". Allí, casi escondido detrás de una
mesa repleta de cosas, en un rincón del patio de ese hogar que funciona
como locación, Facundo Arana –de gorrita y campera de jean–, charla con un
periodista casi en susurros, acompañando la conversación y la tarde con un
envidiable mate calentito que ceba la dueña de casa.
Mientras llega el turno para la nota, hay que ejercitar la
mente y entrenarla para no meter la pata: dan ganas de pedirle un mate, de
decirle “¡Ay, Facundo, sos tan guapo como en la tele!”, de hacerle saber
que hay abuelas que gustan de él (“de ese chico Arana, pero el jovencito
eh”, sabía decir la mía en épocas de "Muñeca Brava"), y de seguir la
advertencia de no preguntar nada acerca de su vida personal y afectiva, no
sea cosa de echar todo a perder.
Facundo aparece, saluda amablemente e invita a sentarse en
la otra punta del jardín, sobre un chapón negro que cubre la bomba de la
pileta. Se le pregunta si no le molesta que mientras tanto le saquen
algunas fotos, y entonces dirá que no, pero pedirá disculpas por la
desprolijidad de su pantalón (¡tiene un agujero imperceptible debajo de la
rodilla!), se sacará las ojotas y se sentará en posición de indio para
tapar sus pies. Ahora sí. Rec.
–¿Por qué la decisión de hacer cine este año? ¿Tiene
que ver con un cambio de rumbo?
–No, para nada. En realidad, a mí me parece que no tiene
diferencia el hecho de contar una historia en televisión, en cine, en
teatro, en la Plaza Francia a los cuatro vientos o en el subte. Es contar
una historia. Para contarla en cine tenés que prepararte para filmar, es
todo como más chiquito y en función de un encuadre más técnico, en teatro
hacés otro laburo para que te puedan escuchar y ver –dice y gesticula
modulando la voz y moviendo la boca–, y en televisión, laburar en función
de la luz, las cámaras... Pero es contar un cuento siempre, y es lo que
hago desde que nací, cuando jugaba, buscando solamente contarme una buena
historia para acostarme sintiendo que... ¿no? –se interrumpe, y continúa–.
Y hoy es para contar una buena historia. Es lo que me gusta, es lo que
mueve, lo que elegí, y la verdad es que me hace súper bien. ¿Por qué cine
y no televisión, después de tantos años?–Se autopregunta y autocontesta–.
Marcos me contó hace un año una historia, que es la que estamos filmando
hoy, y cuando la escuché le dije: “Por favor, buscame un personaje ahí
adentro”. Y me dijo: “Tengo un personaje que podés hacer”. Le dije: “¿En
serio?”, “Sí”. Y al año me preguntó: “¿Sigue en pie?”, “Por supuesto”,
“¿Querés hacer cine?”, “Vale”. Suspendí todo lo que tenía para hacer y
agarré.
Así,
dice, dejó atrás propuestas de tele y postergó una obra de teatro para
abocarse a este proyecto, donde comparte elenco, entre otros actores, con
China Zorrilla y Betiana Blum. “La historia es un canto a la vida –describe–,
una historia simple que habla de la amistad y del compromiso, como si la
cámara se metiera en la vida de todos estos personajes sin que vos te des
cuenta, y cuando estás enganchadísimo, se va la cámara, y vos te quedaste
con lo que te quedaste: vino, te tocó el alma y se fue. Y eso es lo que a
mí me gusta de contar un cuento”.
–Ya que hace un instante hablaste de cuando eras chico.
¿Cómo fue tu niñez, de la que poco se sabe?
–Lo que pasa es que hablar de uno cuando uno cuenta
historias, es sacarse un poco aquello con lo que vos después contás una
historia –dice y hace un gesto con su mano sobre la cara como sacándose
una máscara–.
–Como las cantantes de ópera, que nunca dicen la edad...
–¿Entendés? –asiente–. Sí, porque... ¿para qué? Sí, la
edad te la cuento, tengo 34 para 35... Pero contar es mostrar un poco lo
que uno hace. Lo que se sabe de mí, más que dicho por mí, está dicho por
gente que me conoce y que ha contado. Que tampoco es nada. Y está bueno.
Si total la realidad es que como personaje me interesa ser el de la
película, después, cuando el medio gentilmente me invita a ocupar un lugar
que gentilmente también te dieron y del que hay que hacerse cargo,
entonces tengo que tratar de pilotearla y recurrir al gran arte de hablar
mucho sin decir nada.
–¿Cómo es la vida después de un año de tanta
popularidad como fue el 2006?
–Yo me voy a escalar una montaña y te juro que ahí, mirás
todo desde arriba. Tal cual eh. No es una obviedad. Me voy bien adentro
del mar o a algún lugar montañoso, donde no hay nadie, y ahí te das cuenta
de verdad que está todo muy lindo pero que es un juego, y es un juego que
tenés el honor de jugar. Sí las fotos, sí los... –se interrumpe y hace
como si firmara un autógrafo–, está todo bien, pero es un rato, y está
buenísimo. Cada uno busca su cable a tierra donde puede, cuando puede, y
en el momento en que lo necesita. El tema de hacer una tira en televisión
es que, a veces, en el medio decís: “¡Cable a tierra, cable a tierra!”, y
no te podés ir.
–Y entonces, ¿dónde buscás refugio cuando de repente
estás inserto en un vértigo como el de "Sos mi vida" o el de "Padre Coraje"?
–En el saxo. En el piano. Me voy a nadar, a volar. Me
busco los lugares de desenchufe en donde estoy, y si tengo que estar acá,
y grabás todo el día, y tuviste ¡tatatata!, bueno, termino mirando el
atardecer. O agarro la moto y me voy hasta Rosario (que nunca llego) –se
ríe–, pero siempre voy hasta Campana: llego, me tomo un cafecito en una
estación de servicio... y vuelvo. Y limpiás, limpiás... –repite–.
–¿Te costó aprender a conocerte y a saber encontrar tus
espacios?
–Y, a los 20 no me era claro. Estas cosas se ponen un poco
más claras con el tiempo. Y ni siquiera es que te los vas planteando. Pero
mirando mi comportamiento en los últimos cinco años de mi vida, me doy
cuenta de que soy coherente con lo que me pasa. “¿Y por qué hice tal cosa?
Ah, sí, claro. Lógico”. ¿Entendés?
Se
entiende. El actor, que en los últimos tiempos protagonizó en televisión
sucesos de éxito como "Muñeca Brava" (1998), "099, Central"
(2002), "Padre Coraje" (2004) y "Sos mi vida" (2006) –este
último con 27 puntos de rating–, asegura que la profesión, “gracias a Dios”,
nunca lo tomó de sorpresa y que siempre le dio satisfacciones, y menciona,
entre ellas, el haber trabajado en teatro junto a Pepe Soriano en la obra
"Visitando al Sr. Green" (2005), papel que le valió el premio A.C.E.
a la revelación masculina. Acerca de si se subiría a un proyecto que no le
asegurara la popularidad y el rating de los anteriores, afirma: “Hay cosas
en la vida a las que vos no les prestás atención nunca, que vos estás
haciendo tu camino y vienen solas, y si hacés un camino coherente y sos
constante con la carrera y con lo que vas contando, la popularidad llega
sola. En cuanto al rating, es más una preocupación de los productores. No
se puede pretender que algo sea más que otra cosa. Lo que fue ya fue. Si
no, te convertís en un tipo más grande que mira para atrás y dice ‘Pero, ¿vos
sabés que a mí me paraban en la calle...?’ Es una desdicha eso, me
sentiría muy mal, irremediablemente me va a pasar, pero quiero estar muy
preparado. Disfrutar de hoy, y lo de ayer recordarlo con un sonrisa, no
con nostalgia, tener nostalgia de lo que pasó es no estar atento de lo que
va a venir”. Y a propósito de lo que va a venir, por lo menos en el corto
plazo, cuenta que piensa repetir la experiencia de hace unos años de
recorrer el país, aunque esta vez lo hará en su Harley Davidson. ¿El
itinerario? “Voy a agarrar la moto, me voy a ir hasta la Quiaca, voy a
bajar hasta Ushuaia y luego volver hasta Buenos Aires”, cuenta. Ruta 9 y
luego la legendaria Ruta 40. “Y después, voy a improvisar”, asegura. Se
sabe: Arana es un fanático de la aventura y de los deportes. A saber:
surfea desde que tiene 8 años (alguna vez declaró que le fascinan las
chicas que también lo hacen y salen del mar con su tabla en mano, ¡atención
mujeres surfistas!), escaló el Aconcagua, el Tronador, practica esquí, off
road, paracaidismo, parapente y ya tiene una licencia de piloto. ¿Qué
busca al hacer alguna de estas actividades? O... ¿por qué estas
actividades lo buscan a él?
–¿Acaso es una necesidad físico-química?
–Esa es una razón –contesta divertido–. La otra es porque
yo nunca sé lo que voy a hacer mañana, y de repente me ofrecen un papel en
que el personaje es un piloto, y no quiero estar a último momento diciendo
‘¿Cómo se llamaba esto...?’ Me quiero sentar y en un ratito saber: timón,
timón de profundidad, pedales, timón de cola –enumera–. Vas estudiando y,
mientras tanto, te vas divirtiendo, hasta que un día te clavaste un
atardecer volándolo vos solo. Y está bueno, es prepararse en función de lo
que venga. Y aparte me divierto como loco.
–¿Hubo algún momento en que dijeras ‘¿Para qué me metí
en esto, si ahora estoy muerto de miedo?’?
–Sí, pero por ahí lo que me pasa es que después busco algo
que me dé un poco más. Lo que nunca me pasó fue darme cuenta de que no
estaba suficientemente seguro, porque ahí me convertiría en un idiota, de
decir, ‘Uy, estoy colgado de acá y solo tengo esta seguridad’. No: siempre
tengo dos seguridades. Después sí, imprevistos, millones.
–Alguno
que recuerdes...
–(Relata apasionado, con algo de suspenso en la voz).
Tormenta de nieve y de viento con 40 grados bajo cero en Berlín, un
campamento de altura a seis mil y pico de metros en el Aconcagua, y decir
‘¿Qué estoy haciendo acá?’. Y te das cuenta de que solo podés esperar que
pase, y rezar para que pase, porque si no pasa estás en el horno.
–Igual después la sensación es linda, ¿no?
–Sí, después seguís subiendo.
–Jugando con la imaginación: ¿cómo imaginás a Facundo
de acá a unos años?
–Qué buena pregunta –dice, y se queda pensando mirando
fijo a lo lejos–. Me imagino contando historias, me imagino surfeando
mucho, escalando mucho, volando mucho, me imagino viviendo fuerte, y
ganándome la vida, porque eso es ganarse la vida, ¿viste? Ganarse la vida
no es pagar la luz, es otra cosa.
–Y viviendo fuerte, ¿qué es?
–Vivir fuerte es vivir fuerte. No tiene traducción. Nos
pasa, sobre todo a los que vivimos en grandes ciudades, que a lo mejor te
pasaste un año entero para pagar la luz, para pagar el gas, para pagar el
teléfono, esto, lo otro. Y uno no se da cuenta. ‘¡Tengo canas! ¡Me las
tiño!’ No, no, no, el tiempo pasa...–reflexiona–.
–Y al respecto, ¿alguna preocupación...?
–¿De qué?
–De las canas. (Un secreto: algunas le asoman por
debajo de su gorrita). No contesta, frunce el rostro como mostrando las
arrugas que se le forman en su cara y de esta manera intenta decir que no,
que el tema no lo desvela en absoluto.
–¿No te preocupa el paso de los años...?
–No, al contrario. Lo que me preocuparía del paso de los
años, justamente, es no vivir esos años.
* * * * *
La música es otra de las pasiones en la vida de Facundo, y
cuando puede, la combina con la actuación. Así, se lo vio tocando el saxo
en "Chiquititas" y para la película de Carnevale compuso un tema y
lo grabó en el estudio de Lito Vitale. Además, junto a León Gieco y
Claudio Morgado, le está produciendo un disco a Gogó Andreu, “el último
artista de varieté que queda vivo”, dice, y cuenta: “Se codeó con Frank
Sinatra, con todos. En todos lados lo aplaudieron de pie. Y hoy en día
sobrevivió a su propia grandeza. El tipo tiene la voz de un hombre de 87
años, y es como el vino cuando está en su punto perfecto...”, cuenta
apasionado sobre su nuevo proyecto.
www.revistanueva.com.ar