Claudio C. Minghetti
Jorge Facundo Arana Tagle es un tipo afortunado. Su carrera en el mundo
del espectáculo comienza a principios de la década del 90, cuando era poco
más que un adolescente, tocaba el saxo en estaciones de subte porteño y un
productor de TV lo descubrió, como muchos creen que sólo ocurre en los
“cuentos de hadas”.
Al mismo tiempo que hacía sus primeras apariciones, en ciclos como
"Son de
diez", "La flaca escopeta" y "Canto rodado", pudo superar una enfermedad
de cuidado para finalmente, consagrarse como una promesa actoral y, no es
poco, en la medida en que maduraba también como un sex-symbol. El próximo
31 cumplirá 35 años.
De mirada transparente y profunda, conquista el corazón de las mujeres
desde que apareció por primera vez en la pantalla de un televisor. Lo hizo
en "Muñeca brava", junto a Natalia Oreiro; en "099 Central", cuando
encarnó a un hijo de desaparecidos durante la dictadura militar; en
"Padre
Coraje", y recientemente en "Sos mi vida", nuevamente con Oreiro. También
cuando interpretó a Ross Gardiner en "Visitando al Sr. Green", en teatro,
junto a Pepe Soriano, papel por el que ganó un premio ACE. Le gusta
surfear y volar, no precisamente con la cabeza (no obstante reconoce que
lo hace) sino en el cielo.
Tras su experiencia en las tablas, a Arana todavía le quedaba pendiente
dar un paso más importante en el cine, donde solo había aparecido hace ya
mucho tiempo en "Chiquititas: Rincón de luz" y perdido en el gran reparto
de "La fuga", de Eduardo Mignogna.
En 2006 circuló una versión que filmaría una película con mucha acción,
pero parece que la quietud superó al riesgo. Este es el momento de
"Tocar
el cielo", una coproducción argentino-española dirigida por Marcos
Carnevale, el mismo de "Elsa&Fred", una de las buenas y exitosas sorpresas
del cine nacional de 2006.
– ¿Poco cine?
– En todo este tiempo me ofrecieron muchos guiones. Si bien eran buenas
historias, ninguna me copaba como para hacerla. La que me ofreció Marcos
sí: me dio ganas de contarla. Esa es la única razón. No trabajo para que
un crítico me aplauda. La crítica debería ponerse en el lugar del público.
Lo único que me importa es trabajar para el público, para gente sensible.
– Hacer cine o televisión tienen que ver con ritmos de trabajo diferentes…
– Es como la televisión con el cine o con el teatro. No los separo por
estar delante de una cámara, del público, o en un estudio de TV haciendo
veinte tomas por día. No me importa de qué forma se cuentan las historias:
me importan las historias, y eso es suficiente. Buscar el personaje antes
de ir a buscar la historia es como jugar al fútbol y comerse la pelota.
Son 22 los jugadores que tienen que hacer un gran partido. Si no tenés una
historia, no tenés partido para jugar. Sea en cine, en TV, en teatro o en
Plaza Francia, como lo hice, lo importante es contar historias.
– ¿Cómo vivís la exposición fuera del trabajo?
– Es un tema aparte, una consecuencia del trabajo. Son muchos años de
exposición. Como todo, tiene su costado positivo y otro incómodo. Tiene
cosas superagradables y superlindas, depende de lo que uno esté atento a
ver, y quiera ver. Su otro costado es más bien cansador. Con el tiempo, de
a poco, la vas incorporando.
– ¿Entrás en los blogs que te nombran en Internet?
– No, nunca. No creo que sea bueno entrar en ese juego. Un blog es un
lugar que usa la gente para conversar acerca de determinada cosa que les
interesa. Ya tengo espejo en mi casa como para querer leer qué dicen de mí.
No tiene que hacer interferencia. Además, con la gente me encuentro
directamente en la calle, cara a cara. A todo lo que tiene que ver con
Internet, salvo que sea algo puntual que busqués y que te sirva, no le
presto atención.
– ¿Seguís tocando el saxo?
– Cada día. Teníamos una gran banda en la Carranza...: Ligia Piro, creo que
la mejor cantante de jazz que yo conozco de la Argentina, Javier López del
Carril, David Libedinsky en batería y Ernesto Ballesteros en los teclados…
– Cuando hacés TV, ¿tenés tiempo para tocar saxo?
– Para tocar saxo, para entrenar, para volar, para hacer todo lo que me
gusta. En TV no se trabajan las 24 horas. No te voy a negar que los
tiempos se aprietan un poco más, pero uno tiene que hacerse el propio para
las cosas que le gustan, siempre.
– ¿Que es lo que te gustó de este guión?
– No voy detrás de un personaje en particular, sino detrás de la historia,
y en esta película la gran protagonista es la historia. Si te fijás en
todo lo que hice, siempre fue así: la gran protagonista tiene que ser la
historia, sea una historia de amor, una comedia o un drama. Si la historia
empieza a caer, ahí si me preocupo. Al personaje lo defiendo después, no
importa el género: lo importante es la historia. "Visitando al Sr. Green" es una comedia dramática, pero lo importante es que te toca el alma.
Acordate lo que pasó con "099 Central", un policía que no sabía que era
hijo de desaparecidos.
– ¿Cuándo apareció el guión de "Tocar el cielo"?
– Hace un año, mientras tomábamos mate, Marcos me contó esta historia, y
que yo estaba en su cabeza. "Si tenés un personaje para mí en esa película,
lo hago, no importa que sea un mozo que sirve en un bar". Y me dijo que sí.
Al tiempo me llamó y me dijo que se llamaba Santiago, alguien que siendo
muy chico pierde a sus padres, algo que le genera un miedo tremendo al
compromiso. No es consciente de eso: a lo largo de la historia se le van a
presentar momentos de elección. Tiene que decidir si seguir así o cambiar.
– ¿Comedia o drama?
– Tiene mucho drama, mucha comedia, mucha reflexión, mucho compromiso.
Cuando esté terminada la gente va a descubrir que "Tocar el cielo" no es
"sentarse a ver una película" sino una caricia. Es bueno que de vez en
cuando te acaricien.
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