Alba Piotto
Cada noche, unos tres millones de argentinos ríen con
las desventuras de Natalia Oreiro y Facundo Arana en "Sos mi vida",
la comedia más vista del año. Aquí, ellos cuentan cómo manejan el éxito,
la guerra del rating y los rumores.
A
ver... Son lindos, exitosos, encabezaron la tira más vista del año en la
vapuleada televisión argentina.
Vieron cómo otros productos, con elencos tan buenos como
el que los secundaba a ellos, se caían de la pantalla rumbo al agujero
negro que deglute a los faltos de rating. Natalia Oreiro y Facundo Arana,
Nati y Faca –como ellos se llaman entre sí– están por finalizar
"Sos mi
vida", la tira que protagonizan en Canal 13 y que tuvo un promedio de 27
puntos de rating en esa carnicería televisiva apodadaprime time.
Pero, ¿qué pensarán ellos mismos de su propio éxito?
Porque hay algo cierto: lo construyeron sobre una trama tan simple como
conocida; chica pobre que se enamora de chico rico y un final feliz, a
todo trapo. ¿No lo vimos antes? Muchas veces. Entonces, ¿cuál habrá sido
el secreto que hizo que tres millones de televidentes siguieran la comedia
con pasión? "Creo que la tira funcionó, precisamente, por eso, porque era
una historia simple pero con una manera de armarla y actuarla muy
particular. Cada actor estuvo elegido para hacer un personaje en sí mismo,
con vida propia", resume Oreiro, o Esperanza Muñoz, o La Monita en la
novela.
Y es real lo que dice. Porque más allá de la historia de
amor entre La Monita (boxeadora, buscavidas) y el Martín Quesada (empresario,
playboy, corredor de autos) que hizo Arana, hubo una galería de personajes
estereotipados, que ganaron terreno con sus vidas hilarantes y delirantes.
Pero también es verdad que la dupla Oreiro-Arana ya se
había consagrado en 1998, con "Muñeca Brava", una comedia
desopilante que supo dar la vuelta al mundo. Reeditar la pareja era una
apuesta fuerte: al menos, había que alcanzar las expectativas previas.
- Pero si fuera una cuestión de elencos, en el camino
quedaron otros productos con actores de primera línea...
Arana: - Esas son cosas que simplemente ocurren. Hay
historias a las que les va bien, y hay otras que no funcionan. Antes de
aceptar esta tira tuvimos una charla con Nati, para plantearnos si era
conveniente hacerla. Porque la huella que dejó Muñeca Brava había sido muy
fuerte y teníamos que, por lo menos, igualar el interés del público.
Oreiro: - Creo que, además, la gente percibe la magia. No
sólo con nosotros que somos los protagonistas, que nos conocemos desde
hace muchísimos años y que habíamos hecho otra novela. También lo que
generó el resto del grupo. Porque cuando los protagonistas tienen buena
onda, se genera una camaradería especial. Eso lo sabemos y no nos hacemos
los tontos.
- Y para lograr eso, ¿están encima de las cosas o dejan
hacer a los demás?
Oreiro: - Yo soy un poco obsesiva. Miro el programa cuando
llego a casa; soy consecuente con el resultado que quiero buscar. No me
quedo tranquila si no preparé bien las cosas, sea una pelea de boxeo, una
coreografía o una escena común. Si no lo hago así, la paso mal, me siento
insegura. Por eso tampoco hago televisión todos los años.
- ¿Y vos, Facundo?
- Con este personaje no tuve necesidad de entrenarme en
muchas cosas. No fue el mío el desgaste mayor. Mi personaje era el que
sostenía la coherencia de la trama y del delirio del resto de los
personajes. Así que me divertí mucho preparando algunas escenas como
cuando salimos a volar en avión (para lo cual hice un curso de piloto y
saqué el brevet), o ensayando tango. Igual, no te desentendés de lo que
pasa alrededor. Pero estuvimos apoyados por un equipo comprometido, que
facilitó todo.
CON UN PAN BAJO EL BRAZO
Cuando decidieron hacer la novela, cargaban con derroteros
distintos. Natalia había tropezado con "El deseo" (2004), un programa que
no tuvo repercusión, acaso por el mal tino de suceder a "Resistiré", una
tira que introdujo rasgos novedosos en la ficción diaria y arrasó.
Facundo, más relajado, traía a favor el suceso de "Padre
Coraje" (2004) y en teatro había hecho "Visitando al señor Green",
con Pepe Soriano. ¿Podrían chocar los planetas nuevamente? Y como si las
expectativas fueran pocas, cuando la tira salió al ruedo, la tevé empezó a
enloquecer al compás del rating minuto a minuto y su guerra de nervios:
programas anunciados a una hora que empezaban a otra, ciclos que morían al
nacer.
- ¿Les llegó alguna esquirla?
Arana: - Cuando empiezan esas guerras de horarios la única
víctima es la gente. Lo cierto es que nosotros tratamos de corrernos
porque no nos queda otra que jugar para el lado del público.
- ¿Lo plantearon en algún momento?
Arana: - Claro. Porque la cara la pone uno y si la gente
se sienta a ver la novela donde vos trabajás que un día empieza a las
nueve, después la anuncian nueva y media, pero empieza a las diez...
Oreiro: - Además, el público te hace saber su descontento
y eso te carga de responsabilidad.
- Pero si hay éxito, todo pasa de largo.
Oreiro: - Y sí, al haber tenido un buen año todo se relajó.
Si el público no respondía tan bien a lo mejor no hubiéramos corrido la
misma suerte.
Arana: - Nosotros nos comprometemos con nuestro trabajo.
El resto se supone que está en manos idóneas que saben lo que tienen que
hacer.
- ¿Dónde ubican los límites para que no les lleguen las
presiones?
Oreiro: - Yo tengo claro que no vivo para esto. Es mi
medio de vida, no mi modo de vida. Hay una decisión personal de disfrutar
el momento y hacer las cosas de a una por vez. Esta tira no estaba en mis
planes, pero cuando le dije que sí, dejé el resto de las cosas de lado.
- La gente ve en ustedes un producto de ficción: una
linda pareja. Y hubo quienes vieron algo más...
Arana: (Interrumpe) - Me di cuenta de que cuando te va bien, siempre pasa
lo mismo y uno no lo puede evitar. Salir a hablar es dar más cuerda de
donde tirar.
- Lo planteo como parte del juego que alimenta el imaginario del
público.
Arana: - Creo que forma parte del imaginario que quieren
vender ciertos medios. No la gente. Es parte de su juego, no de mi juego.
- ¿No pensás que es parte del negocio? Un posible
romance contribuye a que los protagonistas estén arriba.
Arana: - El límite es el respeto.
Natalia prefiere el silencio. Refunfuña: "Facu, si
contestás es parte de la nota". Algunos dicen que esos rumores la
afectaron por demás, porque, se sabe, está en pareja con el rockero
Ricardo Mollo, a quien –obvio– no le habrían caído nada bien esos chismes.
Pero bueno, la mesa estaba servida con un buen menú: una pareja "ideal"
que funciona en la ficción, y con el galán recién separado (de la actriz
Isabel Macedo, con quien vivió diez años). Y tampoco es para sorprenderse
que algunos pongan pimienta. ¿No es parte del show?
QUE DIGAN LO QUE QUIERAN
Puertas adentro de la casa, donde vive con su amor,
Natalia encuentra su refugio. "Que digan lo que quieran/las palabras
vienen y se van", debe cantar cuando llega al lugar donde se saca el
maquillaje de actriz y vuelve a lo cotidiano. Y si bien este año el "afuera"
fue muy fuerte, el "adentro" –asegura– estuvo igualmente sereno. Ya pasó
el tiempo de vivir con el acelerador a fondo. "Será la edad", tira Natalia,
de bien vividos 29 años. Como sea, la muchacha está en tren de disfrutar
lo que tiene: "No por comparación, sino porque me siento una privilegiada".
El conocido: "De qué me quejo, si tengo una buena vida, salud, familia,
trabajo y amor".
Y Facundo, a los 34, parece refugiarse detrás de un halo
pétreo donde entran sus perras (Pampa e India), sus amigos y su... bueno,
no da detalles. Menciona viajes al sur, tablas de surf, vacaciones. Año
difícil para el actor que además de separarse tuvo que lidiar con cólicos
renales que lo llevaron directo al hospital. Un combo que –sumado a las
exigencias de estar en la cresta de la ola– suena demasiado gravoso para
una sola persona. ¿Cómo lo habrá pasado? "¡Qué año!, ¿no? Pero aun así,
ningún año de mi vida es para olvidar. Si me preguntás por mañana no sé..."
- ¿Y el hoy?
- Estoy grabando al día, porque dicen que con unos días de
reposo de verdad, hubiera podido superar mis problemas de salud. Así que
en ese sentido fue pesado.
- Y a la vez vas rearmando tu vida...
- Sí, pero tampoco quiero sacar una respuesta linda para
que pongas en la nota, ¿sabés?
- No tiene que ser ni linda ni fea.
- ¿Y qué querés que te diga?
(Se escapa, Facundo. No quiere hablar de su vida personal
y protesta –mucho– porque su salud es noticia. Así que chicas, fans de
Arana, no pregunten.)
- ¿Qué rasgos de divismo ven en ustedes? Hablo en
términos de uso y abuso de la condición de famoso.
Arana: - Cuando arrancás de a poco, y no sos una estrella
fugaz, que de la nada te colocan allá arriba, te das cuenta de que esto es
un oficio y te vas acostumbrando.
Oreiro: - Somos personas ordinarias con un trabajo
extraordinario. Creo que pesa mucho el entorno y tu crianza. Pero
seguramente, alguna vez, me deliré con algo.
- ¿Por ejemplo?
Oreiro: - Soy muy exigente en el trabajo y no me gusta la
dispersión. A lo mejor en mí puede ir por ese lado. Pero para mí, divas
son Mirtha Legrand o Susana Giménez. Y nosotros no ocupamos ese lugar.
- ¿Con qué cosas de la realidad se pelean a diario,
cuando dejan sus personajes de lado?
Arana: - Bueno, estamos viviendo una realidad difícil a
nivel mundial y eso nos pega, nos jode y nos estresa a todos, ¿no?
- Quizá. Creo que a Natalia le llega más el problema de
las papeleras.
Oreiro: - Sí, totalmente. Es un tema que me pega re-mal
porque me parece que por decisiones políticas, dos pueblos que siempre
fueron hermanos están inmersos en decisiones que no tomaron. Y me llega
más como militante activa de Greenpeace, luchadora del medio ambiente, y
por ser uruguaya.
- Digamos que tenés una buena perspectiva para hablar
del caso.
- Lo grave que veo hoy es la realidad social, esta especie
de guerra impuesta, de la cual la gente no quiere formar parte. Me molesta
la hipocresía de las dos orillas. La gente la está pasando mal, hoy por la
rivalidad, pero mañana será por la contaminación. Porque la contaminación
llega con los años.
Final de escena. Las vacaciones están ahí. Facundo piensa
en irse a surfear. Natalia va a meterse de lleno en su disco. El 2007 los
encontrará separados, sin tevé, pero con sus agendas a full.
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