Sebastián Soldano
Exito, siempre ha sido un concepto sobre el cual,
filósofos y charlatanes han pretendido innumerables definiciones a lo
largo de los siglos. Y aunque palabras como “clave”, “secreto” o
“resultado” fueran comunes y recurrentes, Natalia Oreiro (29) y Facundo
Arana (34) prefieren hablar de “química”. Austera síntesis para la
justificación del fenómeno “Sos mi vida” y pronunciada con la misma
naturalidad con que, cada noche, hipnotizan a más de tres millones de
argentinos.
Sábado,
14:15. Aún no habían subido al avión con destino a la ciudad mendocina de
Malargüe y los autógrafos firmados superaban la docena, sin contar las
fotos que completaban el pedido. “Con este bombón a bordo, difícil que se
concentre”, decía una azafata en un intento de hacer reaccionar a su
compañera. En casi dos horas de vuelo, y mientras Natalia y Facundo se
ubicaban en los cómodos asientos (que resultan ser los de las salidas de
emergencia), no se -escuchó más que los nombres “Monita” y “Martín”. Así
se disparó la primera premisa sobre el intento de definir el éxito: la
trascendencia del personaje sobre su intérprete.
Gritaron los goles de la Argentina en Alemania, pilotearon
juntos un avión y, por si fuera poco, también un helicóptero. Sintieron la
velocidad en un autódromo, bailaron tango, se dieron mutuamente funciones
de strip tease y un primer beso montandos en un caballo. Esta vez,
Esperanza “la Monita” Muñoz y Martín Quesada visitaron el valle de Las
Leñas. Diez personas del equipo técnico de Pol-ka producciones, con el
director Rodolfo Antúnez a la cabeza, fueron las encargadas de contar en
siete escenas y un clip, la antesala del momento y el instante mismo en
que la boxeadora y el empresario hicieran el amor.
Aeropuerto de Malargüe. Pocos minutos habían pasado desde
el aterrizaje, cuando alguien acercó a Facundo una camioneta Mitsubishi
4x4, marca de la que el actor es piloto oficial. “Quisiera conducir hasta
el valle”, dijo Arana, y se perdió en el camino cuando el cielo aún
amenazaba extender dos días más una tormenta sostenida.
17:50, y a esa altura, a, b y c eran los planes para el
rodaje del día siguiente que el equipo diseñaba frente a las desfavorables
condiciones climáticas. Reunidos en el living del hotel Virgo, donde se
hospedaron, los protagonistas y el director revisaron guiones y acordaron
las pautas de la grabación. Luego de haber leído los libros, Oreiro
propuso algunas ideas, licencia que, por lo general, Ernesto Korovski -autor
de la tira-, otorga para comodidad de todos.
Fusiles al fileto para Natalia y un brownie con helado de
crema para Facundo fue la comida que precedió a una noche lúdica en el
salón de videojuegos del hotel. Mientras tanto, afuera nevaba copiosamente.
Domingo, 08:30. La tormenta había sido un mal presagio
pero el cielo no podía haber estado más azul. El sonido se ajustaba y las
cámaras buscaban la correcta ubicación en una de las cimas. La llegada de
Facundo aceleró la grabación de la primera escena del capítulo que saldrá
al aire el próximo viernes 1 de septiembre a las 21:30. “¿Alguien quiere
protector? –decía Arana ofreciendo un pomo de filtro solar–, el sol está
bravo.”
Escena uno. Situación: Martín Quesada, infelizmente casado
con Constanza Insúa, personaje interpretado por Carla Peterson, decide
fugarse de la ciudad para vivir su cumpleaños en la soledad de la montaña.
Montado en una moto sobre esquís, hace su aparición y, tras quitarse la
alianza de bodas de su mano, la arroja al vacío. “El galán de la Monita” -gritó
una señora desde la aerosilla-. “Hola, ´Sos mi vida´, ahora tengo
que ir a esquiar, pero luego vengo a saludarte” -dijo otra-. Detrás de
cámara ya eran multitud las jóvenes que esperaban con cámaras de fotos en
las manos.
“Oreiro te amo”, vociferó un adolescente desde algún lugar
y anunció así la llegada al set de la mujer con más gracia de movimiento
que alguien haya visto jamás. Polainas y abrigo flúo, pantalón metalizado
que compró en un viaje a Eslovenia y gorro multicolor fueron parte del
atuendo que la misma Natalia preparó con las vestuaristas de Pol-Ka. Así
fue el primer encuentro y una segunda escena en la que “la Monita” le
confiesa a Martín que lo había ido a buscar y ofrece su misma presencia
como regalo de cumpleaños.
Un clip de clases de esquí se sumó a la secuencia de gags
y las escenas que, a pesar del lugar, nada faltaron a la naturaleza de la
tira. Mientras Arana sostenía a Oreiro entre sus brazos, se hizo
inevitable el recuerdo del debut del dúo en “Muñeca Brava”, novela
de 1998. Los años les dio cintura profesional y un sólido vínculo de
amistad que ante las cámaras traduce en carisma, humor y altos picos de
audiencia.
Recapturando
el concepto y aún sabiendo que “éxito” es una palabra a la cual Oreiro se
resiste, a tal punto de confesar: “Es una palabra que no está en mi
vocabulario, vivo con intensidad el momento, porque sé que todo pasa”.
—¿Qué es lo que los hace exitosos?
Facundo Arana: —Entre nosotros existe una química especial
que se siente en la pantalla, y escapa en cada escena. Naty y yo nos
conocemos demasiado, somos grandes amigos, la confianza entre nosotros es
enorme y ya manejamos fuertes códigos. Entonces trabajamos el uno para el
otro, yo hago que ella se luzca, y ella hace lo mismo conmigo. Ese es el
condimento final.
Natalia Oreiro: —Con Facu nos conocemos desde el año 94,
en tiempos en que yo acababa de llegar a la Argentina e íbamos con un
grupo de amigos a un cantobar. Crecimos juntos, y tenemos respeto absoluto
y muchísimo cariño. Facu me cuida, siempre pensó más en mí que en él mismo,
y a mí me pasa lo mismo. Si tengo un grano, en una escena se preocupa y me
lo tapa (bromea). En todos estos años hemos aprendido a querernos mucho y
eso se refleja, el vínculo es honesto y la gente lo percibe.
—¿Cómo se digiere la popularidad?
F.A.: —Se disfruta, y mucho, de lo contrario es señal de
que deberíamos retirarnos de esta profesión.
N.O.: —Voy a usar una frase que leí el otro día: “Somos
personas ordinarias con un trabajo extraordinario”. Esto es una elección
de vida, la forma que elijo para expresarme, pero la verdadera Natalia
está en casa. Si voy a un lugar donde me toma por sorpresa la presencia de
tanta gente me incomoda un poco, porque en realidad soy muy tímida y no es
que me encante ser popular. A veces, el asedio me tensiona. Y juro que
somos renormales.
—¿Qué es lo que aportan desde ese lugar?
F.A.: —No estaría mal hablar de una función pedagógica.
Los adultos siguen la trama y los niños a Monita, y es por eso que hay que
darle importancia. En principio, cuidamos el lenguaje y en las escenas de
amor somos bastante discretos. Hacemos un producto familiar que apunta al
optimismo y la emoción.
N.O.: —Transmitimos humor y amor, y por lo que me dicen en
la calle, la tira es un canal para distenderse. La gente sufre y se ríe
con cada personaje. Creo que el público se identifica con la simplicidad y
la posibilidad de ser cualquiera de nosotros. Que la gente se ría conmigo
es el motivo por el cual elijo esta profesión.
—El
éxito exige mayor atención. ¿Le temen a la pérdida de audiencia?
F.A: —Sabemos que estas cosas no son perpetuas. Claro que
no quiero bajar el nivel de calidad ni de audiencia. Pero en mi caso, vivo
el hoy en mi trabajo, y trato de no preocuparme por las cosas que aún no
ocurren, eso hace que disfrute de las que sí. Sé que cuando esto pase,
tendré la sensación de haberlo disfrutado. Después de todo, se trata sólo
de un trabajo en nuestras vidas.
N.O.: —Jamás me había pasado algo así de fuerte. Ahora no
sé qué voy a hacer, porque la gente ya no me dice más Natalia. Para todos
soy “la Monita”. Por un lado, me hace feliz saber que mi personaje se mete
en el corazón de la gente, pero, por otro, pienso en cómo haré para
quitármelo.
Natalia agrega: “Con presión no se puede trabajar, yo
prefiero ponerme anteojeras y darle para adelante. No compro las tensiones”.
“Sos mi vida” estaba impreso en la portada del
script que Facundo recibió como propuesta a fines del pasado año y sólo un
nombre tenía en mente para una fórmula muy acertada. “Yo no podía hacer
esta novela porque tenía compromisos tomados con anterioridad” -recuerda
Oreiro-. Estaba decidida a rechazarla, pero Facundo me hizo cambiar de
opinión. Nos reunimos en un café, y en ese encuentro él me transmitió
mucho cariño. Cuando volví a casa, algo pasó por dentro y sin saber si
estaba loca, acepté. Estuve un mes y medio, día y noche entrenando con “la
Tigresa” Acuña (campeona mundial de boxeo) y Ramón Chaparro, su marido.
Soy obsesiva y hubiese entrenado todo el año, las primeras peleas me
costaban, pegaba y pedía disculpas.”
Varios fueron los cambios en la vida de Natalia, no sólo
debió entregar horas al duro entrenamiento sino, también, modificar su
alimentación. “Empecé a comer carnes, rojas y blancas, e incorporar
proteínas y fibras como lo hace cualquier deportista de alto rendimiento.”
El lunes 16 de enero, las planillas de audiencia indicaron un debut que
promedió los 33 puntos.
—¿Qué es lo más destacable de cada uno de ustedes?
N.O.: — Facu es una persona muy generosa y, de hecho, es
por él que estoy en el programa. El me dijo: “Yo lo quiero hacer si
estamos juntos, y voy con vos hasta el final”, y esa frase me conmovió. No
sólo tiene un humor increíble sino algo que a mí me falta: la
determinación para decir “no” cuando algo no está bien. Yo soy más
permisiva, él es más claro. Nos complementamos mucho, yo aporto ideas y él
tiene la fuerza para ejecutarlas.
—¿Qué los hace cómplices?
N.O.: — La intuición para saber si estamos bien y qué
hacer por el otro para revertir un mal momento. Y el respeto, como
síntesis de nuestra relación. Además, nos reímos de todo, Facu me dice que
yo siempre quiero tener la última palabra, y es verdad.
F.A.: — Me matan sus ocurrencias.
—¿Existen
rituales o cábalas?
F.A.: — Es tal el espíritu de equipo que empapelamos las
paredes de las salas de la producción con todo aquello que salga publicado
en referencia al programa.
13:45. El equipo entero se reunió para almorzar, como lo
hacen todas y cada una de las jornadas de grabación, casi religiosamente.
“Esto también es parte del éxito – comenta Arana–, la energía del trabajo
en equipo es un fuerte condimento. Viajamos a contar el punto más alto de
esta gran historia de amor, pero nada saca de foco el sentido grupal.”
“Nadie tiene una idea de lo fundamental que es el calor de
equipo en este programa – acota Natalia–, Mónica Ayos siempre que
encuentra entre sus cosas ropas divertidas me las trae para vestir a ´la
Monita´ y Fabiana García Lago el otro día apareció con un pañuelo que
había pertenecido a su tía, Zully Moreno, para que lo usara en una de mis
escenas. Esos gestos hablan por demás.”
Con la caída del sol se aproximan las escenas más audaces
para “la Monita” y Quesada. Sobre un lugar especialmente dispuesto, a más
de 2.500 metros de altura, en el cerro Centauro, llegaría el beso con
irresistible pasión, y el valle como telón de fondo. Al finalizar, y
mientras Arana y Oreiro descendían de la montaña, al llegar a la base, y
más precisamente en el spa del hotel Virgo, un arsenal de velas,
dispuestas por la producción, iluminaba las aguas de la pileta. Por más
bajas que hayan estado las cortinas, fue imposible disimular la intimidad
del tono de la próxima romántica escena. Cómo fue lo demás, podrá verse en
la pantalla a finales de semana. El rodaje de la escena de amor que
alcanzará un pico en esta historia, comenzó a las 21:15, y no terminó
hasta las 23:30. Agobiado por el trabajo del día, el equipo decidió
descansar hasta el momento de la partida, cuando abandonó el valle a las
10:30 del lunes.
De camino al aeropuerto de San Rafael, desde donde
emprendieron el regreso, Natalia destacó algunos instantes de su paso por
Las Leñas. “Era la segunda vez que me subía a un par de esquís, pero no
tuve problemas, porque hago trapecio durante mis prácticas de circo, y
tienen los mismos movimientos -dijo Oreiro-. Cada vez que me caía, no fui
yo, fue ´la Monita´. No soy muy de la nieve, soy más brasileña, soy más
del colaless”, bromeó. Pero lo más importante es que todo lo que aquí ha
pasado es definitivo para la historia de amor. Las Leñas cambió la vida de
Martín y de ´la Monita´, ya no podrán separarse y hay que ver cómo
afrontan las consecuencias.”
—¿Cuánto de Ud. hay en “la Monita”?
N.O.: —La experiencia, que es aquello que me permite hacer
el salto del drama a la comedia en forma permanente, y es mi modo común a
todos, en realidad. Las escenas más dramáticas de mi carrera las hice en
este programa.
—¿Cuánto de “la Monita” hay en Ud.?
N.O.: —La Monita es mi súper álter ego por lo disparatada,
lo ocurrente y lo bruta. Soy yo, pero más controlada.
Al llegar a Buenos Aires, de seguro Natalia vuelva
descalza al jardín de su casa, donde confiesa lograr conectarse consigo
misma. “Cuando no estoy en la tele me gusta que nadie me encuentre. Me
angustia la exposición gratuita, y aprovecho esos momentos de soledad para
refugiarme en casa, con mi marido, Ricardo Mollo (48), mis cosas y podando
mis enredaderas y rosales. Me molestan los ruidos, por eso me fascina el
silencio y el verde de mi jardín. Puedo pasar horas mirando los
veinticinco tipos de orquídeas que cultivo.”
Preciados instantes hasta que la rueda de la rutina vuelva
a girar. Durante la semana, además de las 60 horas de grabaciones, para
Natalia se suman las actividades extras y complementarias para las escenas,
y claro está las prácticas de boxeo. Por su parte y fuera del horario
laboral que va desde las 07:30 hasta las 18:30, Facundo practica
tae-kwondo, boxeo y dedica tiempo al cuidado del físico en el área de
musculación.
Henry Ford, alguna vez, planteó que si hay un secreto del
buen éxito reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del
prójimo, ver las cosas desde allí sin perder el propio. Natalia y Facundo
juegan ese juego, lo hacen entre sí y con la vida misma cada vez que la
luz roja de la cámara se enciende.
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