Constanza Durán
Ella es una especie de tornado: llega, alborota y se va.
Impulsiva y ocurrente. El, en cambio, es la personificación de la
serenidad. Reflexivo y más, mucho más, medido en todos sus actos, en lo
que hace y dice. Ambos se quieren con infinita ternura, con ese cariño
casi de hermanos que se refleja en la manera en que se miran, en los
cuidados que se prodigan y en los abrazos espontáneos que surgen, a veces
para felicitarse y saludarse; y otras, sin motivo aparente. Simplemente
porque sí, porque tienen ganas.
Pero ¿qué pasa cuando dos personas así se juntan para trabajar? Sencillo.
Arman una dupla infalible como la que lograron Natalia Oreiro (28) y
Facundo Arana (34) en "Sos mi vida", la tira de Canal 13, producida por
Pol-ka, que arrasa con el rating en la competitiva franja de las 21 (cada
capítulo ronda los 30 puntos) y que, a diario, se convierte en el programa
más visto de la televisión. Están felices, aunque tanto revuelo no es
nuevo para ellos. Hace ocho años, allá por 1998, Arana y Oreiro se
juntaron por primera vez para hacer "Muñeca Brava".
Entonces, comenzó esta magia -como ellos mismos le dicen- que, a pesar de
los años, es evidente que sigue intacta. Hoy, más maduros y más amigos que
entonces, admiten que disfrutan de trabajar juntos y que tienen un solo
secreto para conseguir este resultado: quererse mucho.
-¿Por qué es un éxito "Sos mi vida"?
Oreiro: -Porque todos los que estamos en el proyecto, absolutamente todos,
teníamos muchas ganas de trabajar juntos en una historia bien hecha y
pasarla bien. Todo eso junto explotó y provocó que la gente viera en esta
tira un brillo distinto. ¿No? (Le pregunta ella a él, y Facundo Arana
asiente con la cabeza.)
-¿Imaginaban este resultado?
Oreiro: -Volver a trabajar juntos luego de ocho años generaba,
inevitablemente, mucha tensión, no sólo en nosotros sino también en el
canal. Desde el principio traté de relajarme y de disfrutarlo, porque
cuando una siente la presión está limitada. Teníamos a favor haber
trabajado juntos en otro éxito, pero eso podía volverse en contra. Y
cargamos con una responsabilidad muy grande: no empañar lo que habíamos
hecho antes y que la gente recordaba con mucho cariño.
Arana: -Desde el principio sabíamos que iba a ser un año muy competitivo,
pero nos concentramos en hacer las cosas lo mejor posible. Y se dio. Pero
teníamos claro que no queríamos empañar el recuerdo que tenía la gente.
-¿Eso se lo plantearon en algún momento?
Arana: -Es inevitable. Cuando charlábamos sobre ese tema, nos
preguntábamos: "¿Qué pasa si no funciona? ¿Vamos a poder con las
expectativas de la gente?". Y la verdad es que no lo empañamos, todo lo
contrario. Por eso estamos tan felices.
Oreiro: Por suerte, él me convenció de aceptar. No hay dudas, agarré este
trabajo por vos.
-¿Qué ve la gente en ustedes?
Oreiro: -Que somos buenas personas.
Arana: -El público sabe cómo funcionamos juntos y qué es cada uno por
separado; todo eso, sumado a que nosotros la pasamos realmente bien, da
este resultado. Además, hay todo un equipo atrás.
Oreiro: -La gente ya sabe cuál es la historia: los opuestos que se atraen
y que no pueden estar juntos, pero que van a terminar juntos; la
diferencia está en cómo se cuenta, desde lo actoral hasta lo narrativo. Y
para eso, siempre proponemos alguna vuelta de tuerca que termina
asombrando al espectador.
-¿Participan del guión?
Arana: -Sugerimos algunas cosas. Por ejemplo, cuando propuse que Martín
volara y pedí hacer el curso, se armó toda una situación alrededor de eso.
Oreiro: -Yo me llevo el libreto a casa, y cuando lo leo, anoto cosas que
se me ocurren, y al otro día las comento. A veces, las aceptan. La ropa de
la Monita la busco yo y le llevo accesorios a otros personajes.
-¿No se desenchufan nunca del trabajo?
Oreiro: ¿Y miramos la novela todos los días? Es complicado desenchufarse.
Cuando termine el año, porque no va a haber una segunda temporada,
aprovecharé para tomarme unas lindas vacaciones, relajarme y retomar mi
cuarto disco.
Arana: Aunque me da nostalgia saber que se acerca el final, no veo la hora
de tomarme unas vacaciones. Me voy a ir a escalar. Pero disfrutamos tanto
trabajar juntos que el cansancio no se siente.
-Tanto cariño y tantos piropos. ¿Se hacen cargo de las fantasías que
generan en la gente?
Oreiro: -A mí, los vecinos me preguntan: "¿Se besan de verdad?".
Arana: -Eso es inevitable, y creo que pasa porque nosotros dos, laburando,
pegamos.
Oreiro: -Es que somos muy compatibles, hasta físicamente. En cámara damos
bien, y la gente piensa que somos una linda pareja. Además entre nosotros
hay muchísima confianza: hay escenas que tengo con él que con otro actor
no las haría tan relajada.
-¿Pero no les molesta a ustedes o a sus parejas que los relacionen?
Oreiro: Sí a la novela le va bien, es lógico que la gente quiera creer,
aunque sea por un rato, que lo que ven en la pantalla también pasa en la
vida real. Para mí es lógico y lo tomo con muchísima naturalidad.
Arana: La gente juega a creer que lo que ve es cierto. Tienen en claro que
es un juego y un sueño que tienen mirando la tira.
Durante todo el encuentro, que es en un bar de Palermo -lo eligió Facundo,
porque allí se puede tomar mate-, hay abrazos, piropos y miradas cómplices.
Ella hace chistes y él se ríe con cada una de sus ocurrencias. Y los
recuerdos y las anécdotas aparecen siempre mezcladas con algún que otro
reto por parte de ella. ¿Por qué lo reta? Porque Facundo prefiere terminar
de fumar su cigarrillo antes que comer parte del tostado de queso en pan
árabe que ella le convida. "¡Odio que fume!", refunfuña Natalia, casi
maternal. El, simplemente, sonríe como para no contradecirla. Pero accede
al pedido y suspende, por un rato, su vicio. Aunque la mayoría recuerde
como punto de partida de esta amistad la novela "Muñeca Brava", ellos se
conocen desde antes. El primer encuentro fue en 1994, Natalia y Facundo,
junto con otro grupo numeroso de actores, solían ir a un cantobar de
Floresta. El tocaba el saxo y ella lo escuchaba atenta, sentada muy cerca
del escenario. "No hablábamos mucho pero había buena onda, yo me acuerdo
perfectamente de ella", dice él. Y Natalia admite: "Es que yo recién
arrancaba y no hablaba, tenía un personaje en una novela, pero no tenía
letra". El suelta una carcajada y ella se contagia. Natalia se refiere a
su papel en "Inconquistable Corazón".
Cinco años después, volvieron a encontrarse para el protagónico de Telefé.
Una novela pensada para Natalia, a la que se sumó Facundo. "Con la muñeca
contratada salieron a buscar un muñeco", dice él. Y más risas otra vez.
Ninguno recuerda exactamente cuál fue la primera impresión que se llevaron
del otro, pero, como si se tratara de una leyenda, aseguran que la magia
existió desde el comienzo. "Siempre nos llevamos bien", dicen a dúo.
-Y cuando terminó ese trabajo, ¿siguieron viéndose?
Oreiro: Hemos hablado alguna que otra vez por teléfono, y nos cruzamos en
distintos restaurantes del barrio (los dos viven en Palermo). Nunca fui a
comer a su casa ni él a la mía... Bueno, espero que después de esto nos
empecemos a ver más seguido, ¿no?
Arana: -Vamos a ver...
Oreiro: -A mí me parece que sí. Desde ahora vamos a ser más amigos, de
esos que se frecuentan. En las grabaciones tratamos de almorzar juntos
para hablar de nuestras cosas, pero encontrarnos los fines de semana es
difícil... ¡Es que estamos doce horas por día juntos!
-Encima salir a cenar los sábados es mucho, ¿no?
Oreiro: -Tampoco es un bajón. ¿Te caería muy mal? (Risas) Esta vuelta nos
agarra distintos. Estamos más grandes y pudimos conocernos más
profundamente. Si nos juntamos a almorzar, hablamos de temas más
personales. Los dos conocemos bien nuestras historias. Antes era sólo
pasarla bien en el momento de filmar. Nos queremos mucho y nos dimos
cuenta de que pensamos parecido en muchas cosas y en otras no.
-¿En qué temas piensan distinto?
Oreiro: -No coincido con el cigarrillo, ya lo va a dejar. Ni me gusta el
mate, y él es fanático. (Pone cara de asco).
-¿Se pelearon alguna vez?
A dúo: -Noooo.
-¿Nunca una dis cusión?
Arana: -Nos peleamos una vez. Tuvimos una agarrada grossa cuando hacíamos
"Muñeca...".
Oreiro: -¿No me digas que lo vas a contar? (Aunque él arranca con la
historia, ella se le adelanta y termina contando todo). Estábamos en Ibiza
(España), fue una tontería y él se ofendió. Habíamos terminado de grabar,
nos fuimos a pasear en el auto y yo le dije: "Agarrá por acá". Y el me
contesta: "Sé por dónde ir".
-¿Y qué pasó?
Oreiro: -Obviamente nos perdimos y yo le mandé: "Te dije". ¡Lo peor que le
podés decir! Se fue a tocar el saxo solo por ahí y yo me fui a dormir. Al
otro día me enteré de que se había enojado.
Arana: -Que suene esa sola campana.
-Una sola vez en tantos años no está nada mal...
Oreiro: - Tampoco me pudo perdonar nunca que lo haya bautizado Ivo, en
"Muñeca...". Un día llegó al estudio y dijo: "¿Quién fue la bestia que le puso ese
nombre a mi personaje?". Tímidamente levanté la mano.
Arana: -Es que no lo podía creer: ¡Ivo! ( Se agarra la cabeza como si de
verdad todavía le molestara.)
-Volviendo a su amistad, en estos años la relación creció mucho y ustedes
también ¿Están muy diferentes a la última vez que se vieron?
Oreiro: -Me encontré con otro actor; con la misma persona generosa que
conocí, pero con un actor muy versátil que sabe hacer bien drama y comedia.
También me di cuenta de que tiene muchísimo humor, y que es muy gracioso
cuando quiere. Me encanta cuando se anima a hacer de antihéroe; porque en un
galán como él, eso es raro.
Arana: -Hace ocho años me encontré con una especie de Roger Rabbit, que se
llevaba todo por delante y no frenaba nunca.
Oreiro: (Interrumpe) -Sigo igual.
Arana: -Era una adolescente, y ahora es una mujer con todo eso potenciado.
¿Viste cuando dicen que un actor toca una tecla? Bueno, yo sé qué teclas
toco bien, pero Nati te toca todo el piano.
Oreiro: -¡Andá!
Arana: -¡Estoy hablando!
-No se pelearon nunca, no lo van a hacer justo ahora. ¿Están en
condiciones de decir qué les gusta más del otro?
Oreiro: (Ella siempre toma la iniciativa) -Su generosidad. Es un hombre
que piensa primero en los demás y después en él. Es, además, un gran
compañero de trabajo y una persona muy cariñosa. Ya está, con eso es
suficiente.
Arana: -Nati es mi compañera del alma.
Oreiro: -¡Ay, basta! No empieces a hacerte el poeta delante de mí. ¡No
quiero escuchar más! (Se levanta y sale del bar, se queda en la vereda
esperando a que él termine de hablar).
Arana: -Ella tiene un espíritu de equipo tremendo, siempre está empujando
para adelante. Pareciera que no puede parar un segundo. No me había pasado
en otros trabajos el hecho de que cobrara tanta importancia el quererse
tanto. Ella es un hada.
Oreiro: -¿Ya está? Me olvidé de decir que me sirve la bebida... Algo tengo
que agregar, seguro que se mandó un speech tremendo...
Aquí surge uno de esos abrazos espontáneos que tanto les gustan a los dos.
En otra mesa, dos mujeres interrumpen su café con un suspiro y ponen cara
de ternura. Creerán por un momento, que el empresario Martín Quesada y la
boxeadora, Esperanza "La Monita" Muñoz, decidieron ponerle fin a las
peleas infantiles. O que son testigos preferenciales de un final color de
rosa por adelantado. Sin sospecharlo, Natalia y Facundo siguen en ese
abrazo interminable, porque sí. Porque se quieren.
www.clarin.com