César Litvak
Llegaron a Alemania un día antes del partido contra Serbia
y Montenegro para grabar algunas escenas de "Sos mi vida", la exitosa tira
de Canal 13. Lejos de casa comprobaron el cariño de la gente, llegaron a
pisar el campo de juego y hasta tuvieron que darle explicaciones a un alto
funcionario de la FIFA. Después de disfrutar la goleada de la Selección,
la dupla que empezó a arrasar en "Muñeca brava" y hoy lidera el rating, no
lo duda: “Ya somos una de esas parejas clásicas de la tele”, aseguran.
Viste quiénes van ahí? –dice uno.
–¿Che, ésa no es la Oreiro? –pregunta otro.
–¡Uy, mirá Arana…!
Los diálogos, con exclamaciones de sorpresa y caras de asombro, se
repetían una y otra vez por la explanada circular que rodea el estadio
Arena AufSchalke, con su futurista techo corredizo (total: 192 millones de
euros). ¡Y sí, eran!
Ahí estaban, entremezclados en ese carnaval de camisetas, banderas y caras
pintadas de celeste y blanco, Natalia Oreiro y Facundo Arana. O mejor, la
Monita y Martín Quesada, según sus roles en la exitosa "Sos mi vida". Y es
que por eso estaban ahí, grabando escenas que se verán ya, en estos días
en la tira de Canal 13. Así que a la sorpresa le seguía la admiración, el
cariño y el inevitable pedido de: “¡Un autógrafo, Nati!”, “¡Una foto, Facu!”.
Pero el cariño de la gente tuvo que esperar. Primero el trabajo, después
la pasión de los fans. Había mucho por hacer y muy poco tiempo.
El miércoles por la noche, tras una jornada pesada de grabación en Buenos
Aires, Natalia y Facundo –acompañados por el director Rodolfo Antunes y
los técnicos José Ipaucha y Andy DeMarchi– partieron hacia Alemania.
Llegaron a Frankfurt el jueves cerca de las seis y media de la tarde. De
ahí, en auto a la recoleta y aristocrática Wiesbaden. Había que tratar de
descansar, entonces, porque el viernes era el gran día, y no sólo para la
Selección. De Wiesbaden a Gelsenkirchen hay casi 250 kilómetros y debían
tratar de filmar varias escenas previas al partido. O sea, a madrugar. A
las 5,30 de la mañana, todo el mundo arriba. “La verdad, estamos muertos.
Pero al mismo tiempo, disfrutando mucho este lujo que nos damos”, le
contaba Natalia a GENTE. Y sigue ella: “Sentimos que el programa se metió
en la gente de entrada. Nos pasa lo mismo tanto a Facu como a mí. A cada
lado que vamos nos hablan de la Monita o de Quesada. Y ahora esto. No es
común que una tira así se juegue de pronto a insertar algo de actualidad:
viajar de Buenos Aires hasta Alemania para mezclar la ficción con la
realidad de esta manera”. El director, Antunes, Tranqui para todo el
equipo, añade por su parte: “De hecho, te diría que no se me ocurre
ninguna tira que lo haya hecho”.
Las primeras tomas estaban pautadas en el bar móvil de Quilmes, a esta
altura, punto de encuentro obligado de la hinchada argentina antes y
después de los partidos. Ubicado a unas cinco cuadras del estadio, allí
empezaron las caras de asombro de más de uno, cuando ese flaco rubio “tan
pero tan parecido” a Facundo Arana mantenía un diálogo con Ingrid Grudke,
siempre seguido por una cámara (comandada por el mismo Antunes).
Todavía faltaba lo mejor. Y lo más difícil. “Sabemos que es casi imposible,
pero vamos a intentarlo igual”, nos confesaba Facundo. “Queremos llegar a
grabar algo adentro mismo de la cancha. ¡Hasta el césped no paramos!”,
decía el galán. Y allá fueron, después de pasar, como cualquier equipo de
televisión, por el trámite de acreditación en una carpa aledaña al estadio.
Ahora Natalia ya no era Oreiro sino la Monita, enfundada en un conjuntito
rojo y sandalias con plataforma al tono. Imposible pasar desapercibida así,
y mucho menos para los integrantes de la hinchada de Chacarita, que a esa
altura, dos horas antes del partido, estudiaban la mejor manera de
ingresar su gigantesca bandera burlando la ley. “!Mamita!”, fue lo más
suave que se escuchó.
Lo que siguió de ahí en más fue una desesperante caminata circular (por la
hora del partido cada vez más cercana, y por las plataformas de Natalia)
alrededor del estadio en busca del acceso correcto que los llevara hacia
el césped. Una y otra vez rebotaban. Una y otra vez Facundo –traductor
clave del equipo– decía “¡Thank you so much!” a cada nueva información,
que enseguida se revelaba incorrecta. Hasta que apareció ese oso de
seguridad que ni siquiera hablaba inglés, y que debió postergar el muy
germano pancho que estaba por disfrutar ante los encantos de la Monita.
Fue un diálogo –una súplica, mejor– al estilo “dígalo con mímica”, con una
expresión clave: “Tucu tucu tucu”. Oreiro exclamó eso que, como todo el
mundo sabe, quiere decir más o menos: “Mirá, hace como una hora que
estamos dando vueltas y no logramos entrar al césped. ¿No nos podés ayudar,
pleeeeeeease?” Y ahí fue ese buen muchacho, tan germano él, pancho en mano,
haciendo gestiones breves que terminaron con Natalia y Facundo… ¡al lado
mismo de los bancos de suplentes!
No había tiempo que perder. Tranqui encendió la cámara y lo grabó todo,
inclusive la parte en que la Monita, atorranta y dulce, se le lanzó al
cuello a un señor que cobra un sueldo por transpirar disfrazado como la
mascota Leo. “Y llegó la policía con dos carros y un tranvía”, habría
cantando Charly García si hubiera visto a ese señor todo trajeado que
esgrimía escudo y normas de la FIFA, las cuales prohibían filmar en ese
sector. Y mucho menos que un cronista y fotógrafo de GENTE invadieran ese
territorio. En fin, a nosotros nos faltó poco para que nos quitaran las
credenciales (fue amarilla, en lugar de roja directa). A ellos, Facundo,
Natalia y Cía., el incidente les costó un diálogo amablemente enérgico con
Mr. FIFA. Pero lo mejor había pasado: el material estaba grabado, listo
para ser editado y emitido por Canal 13.
Ah, sí. Faltaba vivir como hinchas la goleada de la Argentina. Y este
balance de Facundo: “¿Qué te puedo decir? Valió la pena tanto esfuerzo. Y
después de recibir tanto cariño de la gente tan lejos de casa, también me
llevo la sensación de algo que uno ya percibe en Argentina: con Nati ya
somos una de esas parejas clásicas de la tele”. Eso decía mientras
cantaban, a dúo, claro –un dúo de mucho más que dos–, aquello de
“volveremos, volveremos… volveremos otra vez, volveremo’ a ser campeones,
como en el 86…”. Y para el final, una última reflexión: “No seremos del
equipo de Pekerman, pero tenemos nuestra hinchada…”. Lo dijeron ellos: la
pareja éxito de la tevé… ¿Quién más?
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