Silvina Lamazares
A ocho años de haber compartido pantalla en "Muñeca
brava", vuelven a juntarse para protagonizar "Sos mi vida", la
tira que estrenará Canal 13: ella será humilde y boxeadora, él, empresario
y exitoso... El amor será más fuerte. Intimidades de una dupla que se
entiende con sólo mirarse. Buena química.
Cuando en el 94, en las penumbras de un cantobar de Flores,
se cruzaron por primera vez, no sospechaban, seguramente, que cuatro años
después integrarían la fórmula de la buena química. O que 12 años más
tarde, en las penumbras de otro bar, de otro barrio, se acordarían de
aquellos tiempos mozos con muchas más precisiones de las que ellos mismos
imaginaban cuando empezaron a alisar, juntos y con la risa fácil, los
pliegues de la memoria. "Yo me acuerdo en qué mesa estabas sentada... Era
un boliche emblemático al que iban muchos actores, había una mística muy
potente", describe Facundo Arana, el muchacho que en esas noches tocaba el
saxo sobre el escenario. "Yo lo miraba y le decía a mis amigas
qué churro,
este pibe", confía Natalia Oreiro. La misma que, sin pudor alguno, le echa
más leña al calor del afecto sincero: "Ahora estás más guapo. Y sos mi
amigo y te quiero".
Lo políticamente correcto, la sobriedad y la forzada
devolución de gentilezas faltaron, por suerte, a la cita. En la cita está
el desparramo de los gestos, el brindis porque sí, los guiños. Ahí están
ellos, dos que se entienden de memoria, dos que se adoran tanto en la vida
como en la tele. Porque la pantalla, ávida de parejas que suman al sacarse
chispas, decidió volver a apostar por la dupla que formaron a fines del 98
en el simpático romanticismo de "Muñeca brava" (iba por Telefé). Ahora,
reincidirán en el amor con la historia de Sos mi vida, la tira que, el
lunes 16, estrenará Canal 13 a las 21.
La ex Cholito será la Monita, tan carente una como la otra.
Y él será, nuevamente, el pobre muchacho rico embebido por la tristeza.
Pero una escena del primer capítulo, cuando el destino los enfrenta, marca
un quiebre en sus caminos. Y esa toma oficia ahora como botón de muestra
para el relato de Arana: "El guión dice que nos encontramos de casualidad.
Ella está en su mundo y yo en el mío, cada uno con sus problemas. Y las
miradas se cruzan y aparece la magia. Lo hicimos y no sólo lo sentimos así,
sino que, apenas terminó la escena, una actriz muy grossa me dijo
nunca vi
lo que acabo de ver. Se miraron y hubo una conexión increíble. Esa es la
famosa química, que no sé cómo se explica. Pero grabo con ella y digo
sí,
sos mi chica. Luego cortamos, te llevo a tu casa y yo me voy a la mía.
Pero cuando contamos el cuento, sos mi chica, no tengo dudas".
¿No te pasa con todas?
Arana: No, no puede pasar siempre. Como no pasa siempre
que te caiga bien o le caigas bien a todo el mundo...
Oreiro: Vos le caés bien a todo el mundo, andá.
Arana: No, es un mito, no le caigo bien a todos. Y no está
mal.
Se ríen. Se ríen seguido. Ella le roba un triángulo del
tostado, él le festeja la seguidilla de ocurrencias, como cuando se queja
porque "nunca me ofrecen papeles de millonaria, siempre soy la pobre, la
rea, la que sufre, la que se conforma con poquito. En un punto, luego de
la Cholito y de Cachorra, busqué ir por otro lado con "Cleopatra" (la
película de Eduardo Mignogna) o con "El Deseo". Y ahora sí está bueno volver
a tocar esa cuerda. Me hubiera aburrido, creo, hacer siempre lo mismo y de
corrido. Como nos hubiera aburrido a los dos seguir con la pareja apenas
terminó "Muñeca brava", como un aprovechamiento del éxito".
Entre capuchinos y pan dulce poco dulce, mientras el sol
tiñe de pasteles el atardecer de Palermo, confiesan que en estos años han
fantaseado con la idea de compartir pantalla, "pero nunca se daba. Yo me
quedé en Telefé —detalla ella—, él se fue para el 13, teníamos otros
tiempos. Cuando Facundo podía, yo estaba de gira".
Arana: A mí siempre me quedaron ganas. Lo que pasó en
"Muñeca..." fue genial a todo nivel, porque era un equipo muy trabajador y
divertido. Me quedé con sed.
Oreiro: Lo mejor de todo es que no había presión, porque
no había expectativa, no éramos tan conocidos. Habíamos hecho nuestras
cosas, pero nadie apostaba por la fórmula explosiva.
Arana: Sí, pero ojo, no te olvides lo que nos pasó de
entrada en Uruguay, antes de empezar la tira. Ella tenía que cantar la
cortina, "Cambio dolor". Yo estaba paradito al lado, con el saxo en la mano,
y no podía creer lo que sucedía. El público estaba feliz, se movía el
escenario, te juro, había una energía tremenda. Yo le decía "cantá",
estábamos paralizados...
Oreiro: ¿Y lo que pasó el otro día en La Boca? Llegamos y
la gente se alborotó, no sé.
Como están alborotados ahora los mozos, vestidos de blanco,
que esperan al pie de la escalera para sacarse una foto con ellos. Como
debe estar alborotada la chica del pasaje de la otra cuadra, cuando —en
medio de la sesión fotográfica— Facundo le tocó el timbre y le pidió pasar
al baño para lavarse la cara. La puerta se abrió y se cerró. Se volvió a
abrir y ahí afuera también estaba Natalia. Ellos no desconocen la fama,
pero, se ve, no andan sacándole brillo al bronce.
Ya cayó la noche, él va por un nuevo café en vaso y ella
le avisa por teléfono a Ramón, el marido de la Tigresa Acuña —campeona
mundial de boxeo, con quien se entrena—, que llegará poco antes de la
medianoche. Sabe que a la mañana siguiente se tiene que levantar a las 6,
pero este encuentro la tiene contenta y cambia los planes. Y cuenta cómo
fue el día en que Adrián Suar la convocó: "Fue re-loco, porque yo acababa
de volver de Rusia y tenía un contrato firmado para filmar una película en
Israel (Salsa en Tel-Aviv, título que ella quiere que cambien) y un
acuerdo para filmar otra en España. Y tenía el cuarto disco a medio hacer.
Mi idea era compartir el 2006 entre la música y el cine".
¿Y cuál fue la clave para el cambio?
Oreiro: Primero le dije "no puedo, gracias, pero no puedo".
El sólo me repetía "tengo un proyecto que te va a gustar, encontrémonos.
Yo sé que te va a gustar". Se hizo un silencio y, no sé por qué, le
pregunté "¿es con Facundo, no?". Me dijo que sí pero igual yo no podía. Lo
llamé a Facundo, nos tomamos un café y le conté que me moría de ganas,
pero que no podía...
Arana: La tranquilicé, le pedí que no se hiciera problema,
que si no era ahora sería más adelante, pero nos íbamos a volver a juntar.
Que sin ella este proyecto yo no lo hacía, pero que la esperaba.
Oreiro: Y volví a casa y dije "lo tengo que hacer... Lo
quiero hacer". No podía, pero quería. Y no me quiero perder más cosas.
Tuve que hacer mil cambios, postergar lo de Israel, bajarme de lo de
España, parar el disco, pero no le tengo miedo a las decisiones. Las tomo.
Un abrazo con palmadita sella la confesión de parte entre
ellos. Son los mismos que cuando una hacía un bolo en "Inconquistable
corazón" y el otro era reparto en "Marco, el candidato", y compartían las
madrugadas de un cantobar de Flores, no suponían que la ficción les tenía
guardada una carta mejor. Tan buena como la que les guardó la vida.
* * * * *
En el ring
"Yo no había visto ni Rocky", dispara Natalia Oreiro, ex
enemiga de los defensores del boxeo y de las corridas de toros. "Lo de los
toros no lo pude superar, pero ahora me encanta subirme a un ring", admite
la actriz que en la tira interpreta a la Monita Muñoz, dueña de una "derecha
increíble. Tiene un cross que te la pone donde quiere", dice sobre su
nueva criatura, de la que agrega: "Se sabe muy bruta, pero también muy
honesta. A los 13 años su madre la abandonó y vive en un conventillo con
su novio y la que sería su suegra. Y se las arregla bastante bien".
Para conocer los secretos del deporte que ahora le quita el sueño —fundamentalmente
porque entrena mucho de noche—, practica todos los días con la Tigresa
Marcela Acuña en su gimnasio de Caseros.
En la pista
Fue campeón de Fórmula 1 y ahora corre en Turismo
Carretera. La velocidad lo seduce. Y lo ayuda a tapar algunas penas.
"Es el príncipe triste", dice Facundo Arana sobre Martín Quesada, el
empresario exitoso que le preparó esta vez la ficción. Con 33 años, al
muchacho al que él califica como "un águila en los negocios", la historia
lo encuentra viudo y con novia. "Martín está tomado por el trabajo, todo
lo canaliza por ahí para poder seguir viviendo. No tiene problemas socio
económicos, pero nada le da alegría... Hasta que se topa con la Monita".
Y, ahí, anticipa Arana —quien se entrena en el autódromo con un piloto
profesional—, "el tipo, ya entregado, vuelve a sentir algo que pensó que
jamás iba a volver a sentir: la cosquillita acá, en el alma".
* * * * *
Una historia con cruce de clases sociales
Un ring, un conventillo, algunas carencias económicas,
muchas alegrías.
Vértigo, autos, una mansión, ninguna carencia económica, pocas alegrías.
Entre un mundo y otro, el amor se las ingeniará para acortar distancias y
confundir dos almas. No en el estricto sentido de confusión, sino en el de
diluir cualquier límite que se precie.
De eso va, en principio, "Sos mi vida", la telecomedia que
estrenará Canal 13 el lunes 16, a las 21. Escrita por Ernesto Korovsky (autor
de "Gasoleros" y "El sodero de mi vida"), la tira cuenta, de alguna manera,
dos modos de la supervivencia: por un lado, Esperanza Muñoz, la Monita que
interpreta Natalia Oreiro, se gana la vida boxeando (o como puede), y se
instaló en La Boca con su novio y manager (Carlos Belloso) y la mamá de él
(Dalma Milevos). Por otro lado, Martín Quesada, poderoso empresario de
bienes raíces, ex corredor de Fórmula 1, heredó de su padre una
corporación, su actual imperio. Enviudó muy joven, tiene una novia y una
tristeza que le robó la sonrisa.
Por las sorpresas del destino o las travesuras del guión,
en el primer capítulo se encontrarán cara a cara y ya nada será lo mismo.
Ni para ellos, ni para el resto del elenco, en el que trabajan, entre
otros, Alejandro Awada (amigo incondicional de Martín), Claudia Fontán (la
secretaria de su empresa), Marcelo Mazzarello (primo de Quesada, al que le
envidia todo), Carla Peterson (actual pareja del personaje de Arana) y
Fabiana García Lago (amiga de la Monita, que vive en el mismo conventillo).
Kimberly, la compinche en cuestión, será la que le levante el ánimo el día
en que una lesión en su mano la obliga a bajarse por un tiempo del ring y
a ganarse un sueldo en otra tarea. Le cuenta que en su trabajo necesitan
una empleada. Se viste, se maquilla en exceso, se anima y va. Y va justo
al edificio en el que Quesada es amo y señor.
* * * * *
Ella según él
Natalia es impredecible, pero impredecible de todo lo
bueno. Con ella no hay sorpresas desagradables. No hay que cuidarse de
nada, nunca.
Es una mina noble. Si a uno le preguntaran “¿de qué te harías tu casa?”,
contestaría “de la madera más noble”. Bueno, yo con esta madera me podría
hacer mi casa.
Tiene la risa fácil, muy buen humor, todo fluye naturalmente. Es más que
una buena compañera: es pata, ¿entendés? Está ahí.
Él según ella
Para mí, Facundo es el actor que mejor besa. Parece que
besara de verdad y es muy cuidadoso. Eso en la ficción. Y en la vida,
tiene una demostración afectiva tan sincera... Te abraza porque le dio la
gana, te acaricia y eso me encanta.
Es muy responsable y muy generoso. Tiene mentalidad de equipo.
Tiene un humor increíble y sabe festejar mis bromas y eso que a veces digo
cada pavada. Y se ríe con ganas.
Es leal e incondicional.
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